Números anteriores

POESÍA / No. 59


 
6 Poemas


Carlos M-Castro


Laundry Carpe Diem

Lavar únicamente lo del siguiente día.

¿Para qué tanta ropa limpia
si no sabemos?



Manual para sobrevivientes


Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
Refrán sordomudo


No quiero un panegírico leído por Ernesto, Sergio o Claribel
ni un mausoleo en la Colina de los Ilustres Hombres.
Que no maquillen mi pellejo
ni disfracen mi esqueleto y su cubierta de un gran señor que nunca fui.
Prohibidos los videos y las fotos que después circularán por internet
o serán salvapantallas, tapiz del escritorio,
imagen destacada de perfil en red social.

Nadie publique un reportaje, una noticia, un obituario.
Alejen a la prensa de la fosforescencia de mi profundo oscuro sueño.
Golpeen todo rostro cuyos ojos enrojezcan
ante el primer ardor de mi chorreante témpano
y humillen a cuanta mujer aparezca
queriendo, enlutada, acaparar la propiedad privada del Dolor.

Desnudo amordazado dando vueltas frente al fuego,
aguarden su ración de carne asada los presentes;
trituren lo que sobre, hagan moronga
y coman hasta hartarse de mis restos.

Si al rato van al baño a descargarse,
no olviden con las hojas limpiarse de mis libros.

Jamás se les ocurra de todo lo que dije o escribí
copiar ni media frase en las paredes.
Olvídense de dioses y de héroes.
En estos tiempos los monumentos hieden.

Conviene reajustarse los grilletes.



Death Row


Il y en a qui écrivent pour rechercher les applaudissements humains…
Lautréamont


soltás entonces la guitarra
y por primera vez un ojo tuyo
deja de ser espejo de sí mismo

el brazo agujerado de un convicto
se pasa en ronda por tus manos

con una petición imperativa
de llanto risa o bilis

sus dedos tienen callos
nacidos con el fin de muchas vidas
gargantas apagadas
y piernas y entrepiernas en cenizas

el cerdo el criminal
el chicle que hay bajo la silla
tiene que ser eliminado
con una sobredosis de justicia

firmás gustoso el acta
con el control remoto
mientras tu otra mano
ausculta la bragueta

pero cuando se desinflama
el glande que palpita en tu pecho
notás que acaban de pinchar a tu vecino

         Mi nombre es Bernardo Abán Tercero
         Pasé por El Guasaule con Virgilio
         Nel mezzo del cammin di nostra vita

         Busqué dentro del Dite a mi Beatrice
         in order to becoming citizén
         o al menos residente de los cielos

         Y tarde realicé que no debía
         dejar mi chico infierno con los míos
         ché la diritta via era smarrita

así un día ocurrió
que abandonaste el búnker de tu ombligo
y compartiste el fuego recibido
y amaneció en la Tierra tu otro ojo
y viste más allá de tu retina
y te reconciliaste con tus brazos
y en ellos consolaste al invisible
espectro que llenaba los espacios
y todos los pronombres se opusieron
al plagio prolongado de los seres

qué pena que ese día se te niegue



Una mujer se asoma a la vida una mañana

Un arco amenazante si apareces
dulce batalla a punto de ocurrir
discreta sílaba insinuada  pro-
yectil a paso lento muy certero

Oculta tras espuma falsa y humo
atada por cadenas de binarios
empuñas tu silencio en esta noche
tu rabia hecha cenizas me sonríe

Ahora amanece  Cansadas tus sábanas
de fuerza son camisa blanca  Ves
cómo se atasca el día en el semáforo

Habitación y calle se confunden
vagabundeas quieta sin refugio
y observas a tu sombra mientras duerme



Cronopia:

Ya no me importa tu arrogancia, rancia
estrategia de tragedia ni media
cubriéndote la pierna tierna mientras
la otra trota de vista en vista lista

para herir, rugir y huir de mi dura,
en mis idos, a mi profetizante
mano sin guante, oídos, dentadura;
pues, ves, tus dedos los enredos hacen

por diversión para ambos bobos (bosques
que caben en gestos toscos, costumbres
de hacha, charadas). Enredos y locos

como los nuestros y como nosotros
yo como. Comé comamos comámonos
que no me importan tus dudas, ¡juguemos!



[vos sabés que me gusta abrirte…]


vos sabés que me gusta abrirte, destaparte, pues; que tu crema, la de en medio, hipnotiza mi lengua; sabés que no, pero frecuentemente conceptualizo tu olor inatrapable, lo concretizo entre mis dedos —los tres que ya sabés— en forma de disco, textura de borona, dulzor moreno, galletita óreo; vos me sabés y yo te sé —no es algo mutuo, coincidencia pura—adivinamos si estaremos en internet: no por deseo de verte las letras desnudas o en calzón, solo por juego, no te creás tan especial... sin embargo, sabés que te temo (porque te intuyo), me aterra la posibilidad de interpretar a un tomatierra y secuestrarme yo en el montarascal que a veces sos; por eso, aunque la hebra teñida de tu cabello en mi cama quiera matarme rally con otra gente, sigo pensando en vos cuando destapo una galleta que no podré comerme, y canto damn, you’re a sexy bitch!



 



Carlos M-Castro (Managua, Nicaragua, 1987). Es autor de Antropología del poema (Leteo, 2012). Su trabajo ha sido incluido en antologías como #Los2000: Autores nicaragüenses del nuevo milenio (Leteo, 2012), Flores de la trinchera: Muestra de la nueva narrativa nicaragüense (Soma, 2012), Apresurada cicatriz: Instantáneas de poesía centroamericana (Literal, 2013), Nuevos poetas de América: Antología de poesía joven Chile-Nicaragua (Fundación Pablo Neruda, 2013), De ahí nomás: Poesía actual de Centroamérica y del Caribe (Vox / Germinal, 2013) y Chamote: Una amalgama de voces poéticas de nuestra América (Punto de Encuentro, 2015). Eventualmente escribe en su blog, <http://lectordislexico.blogspot.com>, y rara vez tuitea: @lectordislexico.