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CARTOGRAFÍAS / No. 61
Cartografías

No mamá, no quiero que mis hijos coman tierra


Planos para una ciudad que no existe reúne el trabajo de poetas de Hispanoamérica cuya obra es inédita en México. Propone un recorrido por distintas propuestas y voces de esa tradición de tradiciones que es la poesía en castellano. Son los trazos y las líneas de un grupo de mujeres y hombres que construyen el esplendor y las ruinas de uno de los futuros posibles.

En el centro de la obra poética de Miriam Reyes está el cuerpo. Sus padres, la imposibilidad de su familia (hijos, hermanos) se cifra en los brazos, en los pies, en el sexo. Esta búsqueda del placer y la frustración dentro de sí misma le permite una lucidez dolorosa. El recorrido que Jorge Posada nos ofrece bajo el título No mamá, no quiero que mis hijos coman tierra, inicia con el poemario Espejo negro y otros poemas; continúa con Prensado en frío, Haz lo que te digo, Desalojos y Bella Durmiente.



Miriam Reyes

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  De Espejo negro y otros poemas*
  

[MI PADRE ENFERMO de sueños...]
[NO MAMÁ...]
[EVENTUALMENTE PASO DÍAS enteros sangrando...]
[DEJAMOS UN RASTRO de humedad en las paredes...]


 


MI PADRE ENFERMO de sueños...
en el asfalto incandescente de cien mil mediodías caminados
bajo el sol en vertical
perdió sus pies
y apoyado en sus rodillas sigue buscando
el camino de vuelta a casa.
Mi padre sueña
rendido por el cansancio
que vuelve a su tierra y planta sus piernas y le crecen pies jóvenes
y la savia de su tierra negra le alivia el dolor de las arrugas
y resucita sus cabellos muertos.
Luego despierta en un piso alquilado
a la ciudad de los huracanes de la miseria
y blasfema y maldice y no tiene amigos.

Escondido en la noche
papá llora por las certezas que lo defraudaron.
Del otro lado de su piel
mamá llora por mamá
mamá llora por su casa que ya no habita
y por paz y reposo y risa.

Papá y mamá lloran
cada uno a espaldas del otro en la cama
en el más crudo estruendoso hermoso silencio
que modula en frecuencias infrahumanas
sonidos que se articulan como palabras:
«si aquí no están mis sueños
cómo puedo dormir aquí».
Y que sólo yo escucho
con la cabeza enterrada en la almohada.

Concebida de la nostalgia
nací con lágrimas en el sexo con tierra en los ojos con sangre en la cabeza.
No soy lo que soñaron
como tampoco lo son sus vidas.



NO MAMÁ
no quiero que mis hijos coman tierra
no quiero que me devoren.
No soy Cristo, madre
no soy Cordero.
Amo mi carne por sobre todas las cosas.
Carne bañada por la saliva de los dioses
que viajan a través de mi sangre.

No me corto las venas porque atentaría contra la inmortalidad
que las recorre.

Pero a esa masa negruzca e inerte
que desde su podredumbre descompone todo a su alrededor
no la quiero.
Para ella no tengo compasión.

Él tiene la llave del cuarto de la hoz y la guadaña.
Engendró la muerte utópica.
Pretende hacer de mi cuerpo un gran ataúd que se coma la tierra
el forro que separa la luz de la oscuridad.
Él execró mi amor con purgantes de muerte.
Le pediré la hoz para terminar el trabajo.



EVENTUALMENTE PASO DÍAS enteros sangrando
(por negarme a ser madre).
El vientre vacío sangra
exagerado e implacable como una mujer enamorada.

Si los hijos no salieran nunca
del cuerpo de sus madres
juro que tendría uno ahora mismo
para sentirlo crecer dentro de mí
hasta poseerme como en una sesión espiritista
o como si mi bebé y yo
fuéramos muñecas rusas
una llena de la otra
mamá llena de bebé.

También tendría un hijo
si ellos siempre fueran bebés
y pudiera sostenerlo en mis brazos por encima de la realidad
para que mi niño nunca pusiera los pies en la tierra.

Pero ellos llegan a ser
tan viejos como uno.

No alimentaré a nadie con mi cuerpo
para que viva este suicidio en cuotas que vivo yo.

Por eso sangro y tengo cólicos
y me aprieto este vientre vacío
y trago pastillas hasta dormirme y olvidar
que me desangro en mi negación.



DEJAMOS UN RASTRO de humedad en las paredes
en los marcos de las ventanas
dejamos los fregaderos atascados
papeles tapando los cristales
ratones muertos en el horno
dejamos cal en los espejos del baño
zanahorias podridas en la cocina
un sudor enfermo en los cerrojos de las puertas
ecos de horror rebotando en los techos
un olor a pesadilla por todas partes
un olor a gritos y a lágrimas derramados
sobre las quemaduras de la alfombra
sobre la grasa de los hornillos, la funda del colchón y
los marcos astillados de las puertas.

Dejamos nuestro amor aspirado vuelto pellejos
—nuestro amor de un mes de vida
con toda su muerte por delante—
flotando en una palangana blanca
en el lugar donde perdí el sentido.

 

De Prensado en frío
 


* Espejo negro y otros poemas, Liliputienses, Cáceres, 2015; DVD, Barcelona, 2001.
 


Miriam Reyes. Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universitat de Barcelona. Ha publicado los libros de poesía: Espejo negro (Barcelona, DVD, 2001), Bella durmiente (finalista del XIX Premio de poesía Hiperión, Madrid, Hiperión, 2004), Desalojos (Madrid, Hiperión, 2008), Yo, interior, cuerpo. Antología poética (Argentina, 2013) y Haz lo que te digo (Bartleby, 2015). Tradujo y editó la antología bilingüe de poesía contemporánea gallega Punto de ebullición (FCE, 2015). También ha traducido poetas portugueses contemporáneos. Fue becaria de creación en la Residencia de Estudiantes de Madrid (2004-2005) y de la Fundación Roquissar de Mallorca (2013). Ha sido incluida en antologías nacionales e internacionales, como Feroces. Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española (Barcelona, DVD, 1998), 25 poetas españoles jóvenes (Madrid, Hiperión, 2003), Mujeres en su tinta; poetas españolas en el Siglo XXI (Atemporia-UNAM, México, 2010), Campos Magnéticos. Veinte poetas españoles para el Siglo XXI (México-Monterrey: La Otra Libros-Universidad Autónoma de Nuevo León, 2011), El poder del cuerpo (Madrid, Castalia, 2009), entre otras. Desde el año 2000 combina el trabajo de la palabra con el de la imagen, llevando la poesía a otros formatos como el video, y a otros escenarios, como los festivales de artes escénicas o de nuevas tecnologías.