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NAGARA / No. 62-63
1. No violarás.


Abres la ventanilla. Debajo del asiento algo se pudre. ¿Un pedazo de comida? Enciendes un cigarro pero la náusea empeora. Bajas la velocidad a 20 km/h. Cuando el vendedor te aseguró que el motor era de 300 caballos de fuerza nunca te imaginaste que tendrías una especie de carroza jalada por animales que se aburren. Metes la mano bajo el asiento. Objetos de plástico y algo baboso. Retiras la mano y te limpias los dedos en la vestidura. ¿Eso está vivo o muerto? Por el olor, debe estar muerto desde hace años, pero ¿no se movió cuando lo tocaste? Tomas la siguiente salida: avenidas y calles pequeñas. En el primer semáforo intentas bajar la cabeza y usas la linterna de tu teléfono. Sólo consigues lastimarte el cuello. Te estacionas en una zona de baldíos. Al bajarte ves una valla de publicidad con letras negras y fondo blanco: NO VIOLARÁS. ¿Ninguna marca, ningún patrocinador? ¿Lo que está escrito es una orden, el anuncio de una nueva campaña de desodorante, un mensaje subliminal? Sacas el tapete. En la orilla observas una especie de tenia. Dejas el tapete en el pasto. Tomas una foto de la valla. Al llegar a la oficina le preguntas a tus compañeros qué podría significar la tenia, la valla y que tengas una necesidad de meter la cabeza en un horno de cocina.



2. Caminos



Imaginemos el juego de Clue con las circunstancias históricas de Latinoamérica durante los dos últimos siglos. El mayordomo cambiaría su uniforme doméstico por el de los generales de los golpes de estado y por los trajes de los presidentes de la democracia y los fraudes. Las habitaciones de la mansión por el territorio de los Estados-nación: fosas, océanos donde arrojan los cadáveres de los disidentes. El tablero tendría el color de los partidos de izquierda y derecha, las fotografías de los desaparecidos (esa palabra, es muy ingrata, nada desaparece, es una de las leyes de la física), en el centro aquellos que colgaron perros negros en Lima. Las fichas tendrían la figura de las abuelas argentinas, de los neozapatistas, de los diversos guerrilleros del continente.  



3. El dolor de un pañuelo.



Compramos un juego de platos. Lo envuelven en una hoja de periódico. Pasamos la tarde mirando películas de terror: las víctimas de posesión son menores de edad y mujeres. Hacemos una pausa para comer. Junto a la sopa de letras del periódico hay un chiste acerca de una secretaria que trabaja en la industria del porno: sus únicas posibilidades para pedir un cambio de puesto son aumentarse los senos y reducir todo lo demás. En la otra página, fotografías de una mujer en lencería y una pregunta: ¿Qué harías si te encontraras a tu vecina así en tu cuarto? En los diarios en línea, discusiones sobre el burkini. En el patio una de nuestras vecinas habla de que en el trabajo le exigieron comprar un brasier especial. Al otro día en la oficina leo el blog Emma Gunst y encuentro este poema de la argentina Selva Almada: “No me gustan las Barbies / con sus tetitas paradas / y las nalgas / como dos gajitos de mandarina / que les salen por detrás. / No me gusta su pelo platinado / ni su deportivo rosa.”


 

Jorge Posada (San Luis Potosí, 1980). Es autor de Costa sin mar (UAM, 2012), Adiós a Croacia (Zindo & Gafuri, 2012) y La belleza son los aeropuertos vacíos (Liliputienses, 2013). Tiene el blog <http://costasinmar.blogspot.com>