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CUENTO BREVE / No. 64

El cadete azul



Gilberto Matías Ocampo

 

Una escalera. Cinco escalones, ¿es una escalera? Bueno, ocho escalones –No, no quiero escribir los números con números– entonces, son ocho escalones. Un hombre caerá, por ella, sí, caerá y es padre de dos niños y Sofía.

Cayó por la escalera. El hombre se llamará Rafael, como Lechowski, pero sólo Rafael. Bien, cayó por la escalera mientras los niños preparaban un emparedado en la cocina y Sofía telefoneaba a… cualquier persona. Bueno, la escalera estaba enferma. No. No tiene lógica. David y Salvador jugaban en el jardín; así nadie escuchará a papá caer por la escalera. Sofía salió a pasear a Negativo, Negativo será su perro. Entonces, tenemos una escalera –con sus respectivos ocho escalones– una adolescente, dos niños, un perro y un padre.

Bien. Rafael cayó por la escalera mientras los niños jugaban en el jardín, nadie había escuchado el grito de papá dentro de la casa. Ocho escalones no son suficientes para morir. La escalera tendrá catorce escalones. ¿Sofía? El perro no tiene nada extraño, ambos son prescindibles. Entonces queda una escalera –con catorce escalones–, dos niños jugando en el jardín y una víctima.

Rafael cayó por la escalera mientras los niños jugaban en el jardín, nadie había escuchado el grito de papá dentro de la casa. Es lo más común que he escuchado. Bueno, cuando los niños entraron a casa encontraron el zapato azul de papá sobre la alfombra. No, Rafael cayó por la escalera mientras los niños jugaban en el jardín, nadie había escuchado el grito de papá dentro de la casa. Intentó gritar una vez más después del golpe, pero le fue imposible, escuchaba las carcajadas de sus hijos a través de la ventana, sabía que no existía forma de pedir auxilio, pensó en el rostro de los niños cuando entraran y lo hallaran sin movimiento, inconsciente, vacío. Necesito desarrollar al personaje, sin tener que darle una evolución: Rafael había trabajado lo suficiente, merecía la casa, la escalera le había encantado, le recordaba su infancia; era la misma en la que jugaba con su hermano, era su casa, había logrado comprarla de nuevo después de veinte años.

Bueno, ahora puedo agregar: Rafael y David jugaban dentro de la casa –David será el nombre de su hermano, Rafael había nombrado a su hijo de la misma forma; tiene lógica–. Su madre nunca los dejó salir por un temor inexplicable, muy pocas veces llegaron a correr en el jardín. Rafael y su hermano habían elegido la escalera, era el lugar más cómodo de la casa; podían encoger sus pequeñas piernas y jugar con sus figuritas de plomo. Mamá cuidaba a sus pequeños: ¡no corran por la escalera!… ¡Tengan cuidado!... ¡pueden caerse! Siempre dejaban algún juguete sobre la escalera, siempre corrían: subían y bajaban. Los juguetes quedaban abandonados y repartidos en los escalones.

Los hermanos jamás tuvieron tiempo para recoger las figuritas, no había tiempo. Jugar a los vaqueros, correr, subir y bajar, morir por una bala perdida, o por pisar alguna figurita y rodar por la escalera… bueno, ésa puede ser la causa. Los hijos de Rafael revivían la infancia del hombre; le recordaban los mejores años de su vida: antes de perder la casa. Rafael bajaba por la escalera ¿por qué bajaba Rafael? Necesito un motivo. Rafael cayó por la escalera mientras los niños jugaban en el jardín. No necesito dar un motivo, Rafael cayó por la escalera mientras los niños jugaban en el jardín, tropezó con una figurita de plomo, un cadete, el cadete azul, su favorito. Siempre lo elegía para jugar. Había heredado las figuritas a sus hijos. El temor de mamá había llegado: Rafael tropezó por la escalera, cayó de bruces, se fracturó una pierna, el peso de su cuerpo sobre la sien izquierda. Quedó inmóvil unos segundos. Poco a poco perdía el conocimiento mientras pensaba en los rostros de sus hijos. Bien, podemos decir que estar sentado en una escalera no inspira mucho para escribir, las particularidades siempre se me han complicado. Rafael caerá por la escalera, resbalará, no habrá ningún cadete azul, no habrá niños. Rafael es un hombre solitario. Caerá por la escalera en la que solía jugar de niño. Nadie notará su ausencia. La escalera es tiempo. Todos hemos jugado en una escalera. 

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Ilustraciones:
Alessandra Bess www.freeimages.com
shivani www.freeimages.com


Gilberto Matías Ocampo (Cuernavaca, Morelos, 1992). Estudió Letras Hispanoamericanas en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Formó parte del grupo musical de rap Los Artesanos (2012). En 2015 ingresó en el cuerpo docente del Instituto Educativo Princeton de Jiutepec, Morelos.