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No. 7/RESEÑA

 
Sonidero Nacional



Carlos Velázquez




 


Gerson Gómez,
Open book
,
Conarte, 2006
Nuevo León



open_book_imagen1.jpgGerson Gómez tiene el Blues, yeah. También conocido como Nuestro GG, el matador salta al ruedo con el tercero de la tarde. Un novillo de doscientos cincuenta kilos de la ganadería de Nuevo León, bautizado con el nombre de Open Book. Al leer este libro es imposible no pensar en Pedro Juan Gutiérrez, en las andanzas del cubano autor de Animal Tropical por La Habana. Mister Gómez guarda un rasgo que lo identifica con el caribeño: nuestro GG es un animal tropicalísimo, guapachoso. Se pasea por Monterrey, croniquea la vida nocturna y tropicosa y se la rola al ritmo del Sonidero Nacional por lugares como el Güichos, uno de los bares gay más reputados de la ciudad, o por la ya mítica y cimentadora de una nueva mitología calle de Villagrán, sitio en el que se sitúa el no menos catedralicio teibol Infinito.

Open Book es sinónimo de open city. Aquí la urbe se caricaturiza, se vuelve envoltura de regalo, se convierte en los colmillos de plástico de un metafísico Chiquidrácula que busca amarrarse todos los six de Tecate de 16 onzas que sean afanables para guapear por las calles. Pero fracasa, el down town se lo traga, a gritos y sombrerazos, a guitarrazos de mariachi, a silbatazos de samba, a costalazos de luchador de la Coliseo. ¿Y al final qué nos queda? Este open bar que suena como un corrido, como el vals de una quinceañera, como una novia vestida y alborotada. Y es que retratar a Monterrey es difícil, se mueve mucho y casi nunca sale en las fotos. Apenas se le alcanza a ver un pie, un antebrazo. Y, sin embargo, Mister Gómez consigue meter el gol en el último minuto de compensación. Pero la ciudad es un árbitro vendido, corrompido por el dinero y le anula el gol. Y como dicen, también de dolor se canta, también se celebra la derrota, y nos deja esta porra sinfónica de la cascarita, de la chaquetita en la mañana, del ¡ay, dolor, ya me volviste a dar!

Emociones baratas, hoteles baratos y bares módicos son el escenario de estas narraciones. Al dictado de la cerveza barata, tan barata como el costo de un Tecate en El Charro en lunes: 10 pesos, las tajadas de realidad se superponen unas a otras con el pretexto de la celebración de la realidad. En la que en un día llueve, el siguiente hace un calor insoportable, otro nos depara una noche en la que debemos esquivar a la antialcohólica.

En el libro abunda el humor. Humor de carnicería, humor de la central de abastos, de tarde en el estadio. Por tal motivo, Open Book es el acompañante perfecto para matar las horas muertas en las filas del Seguro Social, en el viaje en el camión, o para la necesidad imperiosa de recurrir a un baño público. Cada anécdota desborda mantequilla, como el caballo pedorro del corrido matón de Luis y Julián. Pero mantequilla de la buena, Primavera, suelta el penco sobre sus páginas mientras respira con violencia.

Lo mejor se encuentra en los textos “Aún huele a leche mi cabello”, “Cacofonías” y “Más tocada que una canción de Los Alegres de Terán”. En el primero encontramos al Gerson Gómez más experimental. No emplea ni puntos ni comas, las transiciones las resuelve todas con los dos puntos. La fluidez que consigue es la misma de las galletas saladas al entrar en esos platillos de sopa fría con crema y jamón picado que sirven en las bodas de los narcos. El tratamiento que recibe dicha estampa es el de una querida, rítmico y acompasado. El resultado es un cuento de antología, que consigue causarnos una buena primera impresión y engancharnos para entrar sin reservas en la totalidad del contenido.

El segundo, “Cacofonías”, es el mejor resuelto en cuanto a estructura, la pieza mejor construida del grueso de las aventuras. Con un lenguaje plenamente coloquial se describen los avatares de un cholo frente a la muerte de uno de los miembros de su pandilla ajusticiado por la banda de los Dragones. Al final, el relato se redondea de manera perfecta y consigue el efecto digno de un cuento tradicional, a la manera de Allan Poe.

Ya con ésta se despide nuestro autor, me refiero así a “Más tocada que una canción de Los Alegres de Terán” porque es el debraye que cierra el Open Book. El suspiro último que se nos ofrece como borrego asado. La love story entre Juan y la Vaquerita, Juany. Un charrito montaperros y la cowgirl, que no aspira a la sofistoxicación de Shania Twain. Y como la raza maguacatera, viven su idilio a la salida del Far West con la música incidental del Viejo Paulino.

Gerson Gómez tiene el blues. Tiene el filin para ponerle mucha crema a sus tacos estilísticos, para ponerle mucha mostaza a su hot dog narrativo, para embarrarse hasta los bigotes de las salsas del Primo. Es un consagrado. No tan famoso como Carlos Fuentes. Un consagrado del estilo. En sólo tres libros ha conseguido para su prosa un charm etílico. En la contraportada del libro yo hubiera escrito: “Un niño prodigio del vicio y la desgracia”. Pero su libro-ciudad también adquiere un significado, un peso posmoderno, que se desboca y se amorata. La city se transforma en esa chica alborotada de la canción, que está un poquito alocada. Es una chica alborotada que nunca cambiará.




Carlos Velázquez (Torreón, Coahuila, 1978) es autor del libro de cuentos Cuco Sánchez blues. Ha sido becario del Fonca en la categoría Jóvenes Creadores y del Fecac en dos ocasiones. Obtuvo el primer lugar en el XXI Concurso Nacional de Cuento Magdalena Mondragón.