Números anteriores

No. 10/ACTIVIDADES LITERARIAS

 
Dos miradas extraliterarias a los encuentros
de poetas jóvenes

 
Julio César Toledo



1. Carruaje de Pájaros, Encuentro de Poetas Jóvenes en Chiapas.
Una mirada no literaria

Me gusta pensar que lo indeseable hermana, que puede lograr que los lazos fraternales se fortalezcan. Por otra parte, pienso que hay lugares mágicos en este país que se prestan para la poesía, y que en ocasiones convocan la hermandad de igual manera que lo otro, lo indeseable.

Estuve en Tuxtla Gutiérrez en el Primer Encuentro de Poetas Jóvenes Carruaje de Pájaros. Chiapas es ya de por sí poesía, contradicción, hermosa tierra donde caminar y oír el viento es decir ayer y para siempre.

s4010010.jpgLas lecturas dieron comienzo y algo de la voz de los poetas se quedó por ahí en ese lugar, haciendo surco. Posteriormente, con la música como marco, el palomazo estuvo a cargo de quien fuera una especie de tío para el encuentro, Julián Herbert (no es peyorativo; Julián, el más grande de todos los asistentes, fue una especie de centro en el encuentro; todos lo oímos atentos, le preguntamos, lo cuestionamos, nos hermanamos con él y alrededor suyo). Y luego apareció lo indeseable en forma de “poeta marginal”. Ciertamente lo no deseado, lo que no se espera, abre siempre la posibilidad de optar por algo, de tomar partido, digamos. Lo indeseable, por eso, hermana; porque ante la insistente retórica del que quiere ser oído a toda costa, la hermandad de oídos sordos (primero) hizo la barrera. Me refiero al “tras bambalinas”: unas copas entre poetas resultaron en la afrenta, así, muy al estilo old west o fiesta adolescente:  el “poeta” Marco Fonz se deshizo en insultos (medio pueriles) contra Balam Rodrigo (que por andar ganando premios —no, Balam, eso no se hace. También agregó que el motivo por el cual Balam Rodrigo se metió a hacer poesía fue por haber fracasado como biólogo) y luego contra Luis Paniagua (creo que también por ganarse premios, por trabajar en la UNAM, pero y sobre todo, por estar condenado a nunca ser un buen poeta, según dijo la propia consorte de Marco, la también “poeta”, Tanya de Fonz —pero el motivo real fue haber defendido a Balam de las sandeces de las cuales era objeto). Que no suene, esta crónica, a nota policiaca.

s4010023.jpgLuego, al otro día, el prodigio. En la primaria Rodulfo Figueroa nos recibieron como a héroes nacionales: collar de flores, pétalos de rosa que llovían al cruzar el umbral de la puerta y todo el asunto. Entramos, nos adornaron, tres grupos de niños bailaron para nosotros: unos vestidos de animalitos y otros con trajes regionales. Me sentí Cayo César presenciando las danzas de los niños mientras las libaciones todas (con pozol fresco) se hacían en nuestro honor. No quiero excederme en el relato, pero en el patio de esa primaria los poetas firmamos cientos (y me quedo corto) de autógrafos a los alumnos, en cuadernos, servilletas, libros propios y ajenos, en fin, hasta en las camisas de algunos osados escolares estampamos firmas y recados al más puro estilo rock star, ¿y quién se iba a resistir?

Más tarde la reseña osciló entre los comentarios anteriores de Fonz de Tanya (anacrónicos, por cierto) y la turba infantil que pedía firmas y nos deshacía el corazón y el ego con su ternura desbocada. Voy a ser breve. No puedo relatar todo lo que se habló y se hizo; todo productivo y aleccionador. Un buen encuentro.

Posteriormente nos fuimos a San Cristóbal de las Casas en coche, entre neblina y charla rica, entre poesía multiforme y algunas dosis de vodka. Pasamos por el Sumidero como quien pasa por el espejo y descubre que el reflejo es, en verdad, lo mismo en su cualidad de otro.

s4010164.jpgYa en Sancris (como se le dice allá, cariñosamente), en la reserva La Albarrada (otra forma de llamar al paraíso, melancólico paraíso que nos recibió como si de veras nos lo mereciéramos), otra lectura. Y en la primera mesa, Marco Fonz hizo lo que más tarde definiríamos como “La Fonztemiña”. En el estrado retó, abiertamente, a seguir la discusión a Paniagua y a Balam Rodrigo; y luego, a mitad de la lectura, cuando todavía no pasábamos todos a ofrecer nuestros textos, anunció a voz en cuello que se iba. Otro compromiso, dijo. O sea que, ahora me ves (y te incito a la polémica) y ahora no me ves. Acto seguido, el poeta Sergio Loo, también a voz en cuello, dijo: es una falta de respeto irse así, nomás de ganas. Y yo agregué: no se vayan que va a haber café y hasta pan dulce. Y hubo.

s4010068.jpgMe explico. En primer lugar y dicho con todas su letras, me parece que si uno se anda quejando del sistema, de los encuentros y quienes asisten a ellos, no se asiste, así de simple. Desde el otro lado, desde la disidencia verdadera, uno puede hacer lo que se le dé la gana. Y luego, uno no puede invitar a una fiesta y no abrir la puerta o echarse a correr, es decir, no puedes incitar a alguien a la discusión y luego desaparecer. Finalmente, creo que las disertaciones sobre literatura tienen que ser necesariamente de lo literario. Esa noche, en San Cristóbal hubo un par de acaloradas, buenas discusiones, pero sobre todo se puso el poema por delante. Lo otro no tiene sentido y es, por decir lo menos, de risa o flojera.

También hubo canciones esa noche, casi todas comandadas de alguna forma por la autoridad en la materia: Luis Téllez-Tejeda que, por cierto, leyó fuera de programa, nomás pa’ que otros no anduvieran presumiendo marginalidad.

Así, hermanados por lo indeseable pero también por el paisaje chiapaneco inundado de poesía, sentimos que algo pasó en aquel encuentro. Algo de carruaje sucedió en esos días que nos movió de alguna forma, estoy seguro, a todos los que ahí anduvimos, leyendo, escuchando, haciendo sordos oídos y compartiendo el pozol y la p(b)utifarra (embutido chiapaneco de nombre ad hoc).

Esto no es (al estilo Magrit) una mirada literaria; es una muy breve reseña de lo que allá en Chiapas pasó con el pretexto de un encuentro de poetas. Gracias a Poética Arbitraria por la invitación. A los asistentes también, por la hermandad:

Juan Carlos Cabrera Pons, Sergio Loo, Arbey Rivera, Fabián Rivera, Marco Morova, Luis Paniagua, Julio César Toledo, Raúl Vásquez, Ulises Córdova, Julián Herbert, Fernando Trejo, Balam Rodrigo, Marco Fonz de Tanya, Mario Alberto Bautista, Iván Cruz Osorio, Luis Téllez-Tejeda.



2. De cómo el Hades se nos volvió el Olimpo en una playa.
1er Encuentro de Jóvenes Escritores Acapulco 2008

Qué feo es el centro de Acapulco. Qué feas casi todas sus playas. Pero cómo disfrutamos la compañía de unos y otros, escritores convocados y reunidos en el 1er Encuentro de Jóvenes Escritores Acapulco 2008.

Si bien no estábamos en la zona diamante (me parece que esa palabra es un eufemismo bastante grotesco para decir: prohibida la entrada a los pobres), el viaje resultó disfrutable como se disfruta la Odisea. El hotel que en suerte nos tocó era una especie de chiste que no logramos entender, con sus alrededores medio sucios (aunque, al paso de las horas, se volvieron pintorescos, hay que decirlo).

ranita.jpgDespués de las lecturas matutinas (entusiastas argonautas que queríamos enseñarle a Luis Paniagua, nuevo en eso de acapulquear, que algo ahí valía la pena), nos aventuramos a buscar un lugar donde matar el tiempo hasta que diera la hora de las lecturas nocturnas. Y de pronto, ¡sí!: la providencia, disfrazada de acapulqueño (oráculo certero), nos invitó a pasar a un restaurante-bar, el Coco Loco...

Entendimos, entonces, que el destino nos había llevado allí. Todo comenzó a llenarse de sentido: unas chelitas bajo una palapa con una charla de esas que alimentan el alma. Providencial, también, apareció sigilosamente una señora, de esas muy morenas, tras la espalda de Daniel Saldaña, embadurnándolo de un elíxir aceitoso y ofreciéndole, ¡oh, Afrodita de Caleta!, un masaje; minutos más tarde volvió a aparecer, pero ya no ofreciendo, sino casi exigiéndoselo. “Una vuelta en la banana”, y Luis Téllez-Tejeda dice que no, gracias; algunos conteníamos las ganas de alburearlo, otros no pudieron refrenarlas. Y las chelas aparecían en una cubeta con forma de ranita… qué bien se está uno aquí, empezamos a pensar.  Luego vino la variedad (¡Aristófanes, no te acalores!): frente a nosotros, unos paramédicos cosían la ceja de un nadador accidentado, así, sin echarle en la herida más que agua sacada de un vaso desechable. ¡Qué valor!, pensamos todos, ése es un centurión digno de otra cubeta de ranita. Y nuevamente, otra de esas mujeres masajistas apareció asediando la espalda de Saldaña. Luego Téllez-Tejeda, al borde del llanto, oyendo “Perfume de Gardenias” dedicada sólo para él por Fernando Trejo, que estaba, también, desaforado por la experiencia acapulqueña. Víctor Cabrera dormía y comía pepitas (¡al mismo tiempo, qué proeza!), Sergio Loo exponía elegantemente su diatriba detractora contra la experiencia del parachute, Rodrigo Castillo, casi sin darse cuenta, confesaba al cobijo de nuestro nuevo templo (El Coco Loco, donde el cliente es primero) que alguna vez lo vistieron de marinerito para una foto. Y al cabo de las ranitas y las horas, aceptamos lo bello, lo olímpico y sobrecogedor que es Acapulco, cuando se está en un encuentro de escritores.

Que alguien más reseñe las mesas y lecturas (muy buenas, nutridas e importantes, cierto) pensé cuando me propuse descubrir lo que había sucedido el fin de semana del 13 y 14 de junio en Acapulco. Comprendimos, los que estuvimos ahí, varias cosas vitales:

1) Nuestra Antología de Poemos, para Emos: Me gusta cuando llueve porque nadie se da cuenta que lloro, será un éxito de venta próximamente.
2) Quien no conoce el Coco Loco, no conoce Acapulco.
3) Lo mejores tiempos de Acapulco, si los hubo, fueron hace mucho tiempo.
4) A Luis Téllez-Tejeda le gusta “la poesía chiapaneca”.
5) Balam Rodrigo es el líder moral de los encuentros de escritores recientes.

acafest2.jpgEntonces, nutridos de poesía, reflexión y acapulquerías, regresamos con la idea de volver, sí, al segundo encuentro que propusimos se llamara: Encuentro de Jóvenes Escritores Coco Loco (donde el cliente es primero) 2009, o bien, Encuentro de Balam Rodrigo y Jóvenes Escritores que lo Acompañan 2009.


Fotografías:
Fabián Rivera (Chiapas)
Julio César Toledo (Acapulco)


1. De izquierda a derecha: Mario Alberto Buatista, Arbey Rivera, Fabián River, Luis Paniagua y Julián Herbert.
2. De izquierda a derecha: Julián Herbert, Sergio Loo, Juan Carlos Cabrera Pons, Fernando Trejo, Julio César Toledo y Marco Fonz.
3. Auditorio de la comunidad "Porfirio Encino, La Albarrada".
4. Los poetas con los alumnos de la Escuela Primaria Rodulfo Figueroa.
5. Cubeta cervecera en forma de rana.
6. De izquierda a derecha: Fernando Trejo, Luis Téllez-Tejeda, Daniel Saldaña, Luis Paniagua y Balam Rodrigo.


Julio César Toledo (Chicontepec, Veracruz, 1977) es autor de los libros Del silencio (FRAF, 2003), Hombre, mujer y perro (Anónimo Drama, 2004) y coautor  de Owen, con una voz distinta en cada puerto (FETA, 2005). Su más reciente poemario se titula Quicio (FETA, 2007).