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No. 12/CUENTO

 
Sueño con alas
 



Karla Covarrubias



 


¿Te acuerdas de aquel día en que te comiste al ruiseñor? Lo veías cada mañana en la misma rama del naranjo que crecía afuera de tu cuarto.

Lo veías amanecer más cerca mientras el árbol también crecía, como tú, a los seis años. Se asomaba, primero, por detrás de la ventana, mirándote dudar, como queriendo decir algo que al final no se atrevía.

cuento-sueno-nighthawk7.jpgDespués también se instaló en las noches, con tal fijación que empezaste a temer en la oscuridad aquella sombra que reconocías. Cerrabas los ojos y al abrirlos se iba. Intuyó quizá tu miedo y empezó a visitarte sólo cuando pudieras verlo. ¿Te acuerdas cómo lo presentías cantando en tus sueños?

¿Te acuerdas cómo el naranjo dio su primer fruto el día de tu cumpleaños? Dejaste la ventana abierta y sus ramas de pronto compartieron contigo el techo. No supiste entonces que el ruiseñor estaría más cerca.

Y aquella mañana en un bostezo, sentiste en tu paladar un ataque de risa y a tu campanilla jugando a que revoloteaba. Y unas alas acariciando tu garganta.

¿Te acuerdas que sentiste todo menos miedo? Quisiste en aquel instante despertar a tus padres y mostrarles algo que jamás creerían. Pero dudaste. Quizá sería mejor enseñarles su encanto, su consistencia tibia.

No quisiste hablar los primeros días. Temías que en cualquier momento se cansaría de volar allá adentro y huiría para no volver nunca, ni siquiera a visitarte en la rama. Sin embargo, concluiste que no podría ser así para siempre: no comías, ni tomabas agua, ni hacías preguntas, ni dabas las gracias.

cuento-sueno-mmagallan.jpg¿Te acuerdas del día en que te atreviste a abrir la boca? Cerraste toda vía de escape en tu habitación y dijiste “hola” tan rápido como pudiste, porque en el fondo hubieras querido no dejarlo ir jamás. Mas no lo sentiste de nuevo jugando en tus labios. Hasta que por pura curiosidad cantaste la única melodía que recordabas completa, para ver si así salía.

Y no salió. Pero entonces vibraron de nuevo sus alas en tu garganta y la caricia placentera de su vuelo se impregnó en tu paladar. ¿Te acuerdas que repetiste la canción hasta que la luz dio color a la noche?

¿Recuerdas cómo tus padres y tus amigos, tus vecinos y compañeros aplaudieron las ocho veces que repetiste la única melodía que recordabas completa? Sonrieron y la entonaron contigo mientras tú guiabas un coro de voces desafinadas.

Y en cada risa producida sentiste también tu alegría, ¿te acuerdas? Dudaste los años siguientes en revelar tu secreto, esperando que al hacerlo, el resto confiara en tu voz, quizá un poco más cuerda que a los siete años. Pero al final desististe. De cualquier manera, siendo niña, adolescente o anciana, ¿quién en el mundo podría creerte que una mañana en un simple bostezo te habías comido a un ruiseñor?


Ilustraciones:

nighthawk7 www.sxc.hu
mmagallan www.sxc.hu
 

Karla Covarrubias Molina (Ciudad de México, 1987) Es estudiante de Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, y profesora adjunta de la asignatura Periodismo y Lenguaje Narrativo en la misma institución. Ha publicado textos en la agencia de noticias de Canal 22 y colaboró en 2007 en el Diccionario del náhuatl en el español de México.