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No. 13/EDITORIAL 




En el ámbito de la poesía joven mexicana circula la especie —se la escuché por primera vez al poeta Víctor Cabrera—  de que si tiras al aire una piedra, ésta cae sobre un poeta. Dejando de lado la hipérbole, algo habrá de cierto si nos atenemos al elevado y creciente número de colectivos poéticos que agrupan a las nuevas generaciones, los nacidos en los años ochenta y noventa, en un afán que no encontrábamos, quizás, desde la década de 1970. Muchos de ellos con influencias radicales, proliferan blogs y páginas electrónicas que facilitan el contacto entre los autores y propician su visibilidad, y han sido estas herramientas el factor detonante de la multiplicación de grupos. En este número presentamos el trabajo de tres miembros de estos colectivos, tres poetas muy jóvenes cuya obra, como he afirmado en otros números de Punto en línea, refuerza mi creencia en que la heterogeneidad de estilo, forma y tema es la tónica en la joven poesía de nuestro país.  Esta vez tenemos, por un lado, el tono reflexivo de Eduardo de Gortari, y sorprende —a pesar de su juventud (1988)— ese dejo de nostalgia y esa mirada distante de la infancia; por otro, la experimentación formal de Luis Arce en sus “Cinco poemas diversos” y el corte posvanguardista de “El hombre-estornudo”, de Juan Juan,  juego sonoro y tipográfico pleno de aciertos rítmicos.

El carácter de ídolo de un cantante como Juan Gabriel en una sociedad machista como la nuestra es tema que merece más de un estudio. Luis Téllez-Tejeda no trata de analizar este fenómeno, pero sí da cuenta, con ojo y pluma (teclado) por demás agudos, del perfil "democrático" de un concierto del Divo de Juárez en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Incluimos también  “Del hotel Buenavista al hotel Santander”, texto en el cual Pablo Iván García hibrida con tino la crónica y la entrevista para ofrecer una mirada —más bien gozosa— de la vida y milagros de un sexoservidor travesti, y que le valió una mención en el concurso 39 de Punto de partida. En ensayo, publicamos un lúcido análisis de la imagen, de corte académico, de Juan José Ledesma; y en la sección de cuento, dos trabajos que comparten el tema —un asesinato— y que retoman elementos de la nota roja: “No Fear” de Flor Coss, y “Los crudos y los muertos”, texto escrito por Enrique González Cuevas y que fue ganador de mención en el concurso referido líneas arriba.

Si publicar poesía de manera independiente es tarea complicada según los criterios del mercado editorial, me atrevo a afirmar que publicar teatro es una encomienda aún más ardua; aplaudo entonces la apuesta de La Cifra al editar la traducción afortunada de un texto difícil y grande: Máquina Hamlet, de Heiner Müller, cuya reseña nos comparte Julio César Toledo. Completan este apartado Lilián Fernández Hall con su recomendación de El diablo sabe mi nombre, volumen de cuentos de la salvadoreña Jacinta Escudos publicado este año en San José de Costa Rica; y el certero análisis que hace Rodrigo Martínez de Quémese después de leerse, la más reciente película de los hermanos Coen.

Espacio aparte merece la obra del joven artista plástico Darío Meléndez, de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, cuya serie “Ofrenda a Zol negro” (dibujos en técnica mixta), que obtuvo mención en la categoría de gráfica del certamen de Punto de partida, ocupa la sección de artes visuales de este décimo tercer número de Punto en línea. Y para cerrar, reiteramos nuestra invitación al público lector a enviar sus colaboraciones literarias y gráficas  (o la combinación de ambas) a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

Carmina Estrada