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No. 14/RESEÑA

 
Héctor: una cruzada contra la novela de la revolución


Isidoro Eliut
 

Héctor
Jorge Gram
Jus, 1966 


 
 
 
 
 
 
 
 

hector01.jpgDesde los tiempos de Benito Juárez, los roces entre Iglesia y Estado son cosa muy delicada. Tras la Revolución Mexicana, los intereses de la Iglesia Católica no fueron cubiertos por la facción triunfadora; en cambio, artículos como el 3, el 5, el 27 y el 130 limitaban la influencia del clero sobre sus fieles (los más de ellos son gente de vida campesina y marginada); En 1926, el presidente Plutarco Elías Calles promovió la reglamentación del artículo 130 a fin de contar con instrumentos más precisos para ejercer los severos controles de sujeción de las iglesias al Estado. Un conflicto de intereses que existe en México desde antaño puso, como siempre, a la población civil en medio de una batalla y la mayoría de las bajas de la Guerra Cristera (1926-1929) fueron del mismo pueblo. Tal es el contexto caótico de aquel primer brote cristero y entonces (como tal vez ahora) hay quienes se preguntan si vale la pena morir por un Dios del que no sabríamos nada si no fuera por sus vicarios (poderosos caballeros).

No obstante, hubo quienes estaban seguros de la lucha e incitaban a la gente a tomar las armas si el objetivo era defender su fe; tal es el caso del canónigo lectoral, doctor David G. Ramírez (1889-1950), mejor conocido como Jorge Gram; reconocido como el más importante novelista cristero, Gram tiene una vasta obra: La cuestión de México. Una ley inhumana y un pueblo víctima (Barcelona, La Neotopía, 1926), Jahel (El Paso, 1935), La guerra sintética (San Antonio, Rex Mex, 1935) y La trinchera sagrada (México, Rex Mex, 1948).

La primera de sus novelas, la que nos importa en este trabajo, es Héctor,1 que parte de la estructura medieval iniciática del caballero; sin embargo, lo que este texto persigue es su posición de ruptura con la novela de la Revolución.



Una novela de tradición anti-revolucionaria

Según Alicia Olivera de Bonfil, la novela cristera “debe tipificarse como novela de la contrarrevolución, ya que en ella se ataca a la Constitución de 1917, sobre todo en lo que toca a los artículos 3, 27 y 130”.2 Si el principal enemigo de los fieles católicos es el gobierno que surgió de la Revolución, el estilo narrativo de obras como Los de abajo, de Mariano Azuela, debe ser evitado a toda costa. En su lugar, Gram apuesta por una novela tradicional, decimonónica y con intereses nacionalista-religiosos de unificar al pueblo. Así, Héctor parte desde un capítulo que bien podemos clasificar de costumbrista o un ejemplo del cuadro de costumbres: una niña que va a hacer su primera comunión, acompañada de una madrina y en camino a un comelitón en un colegio religioso. De carácter regional, la descripción del ambiente al principio de la novela cumple con ciertas características del cuadro de costumbres: su relación con el romanticismo decimonónico, en su interés por lo popular;  la relación con el realismo, palpable en el interés descriptivo del cuadro que tiende a dirigir su atención al tiempo presente.

Gram articulará, a partir del cuadro de costumbres, el capitulado de su novela, pues varios capítulos narran acciones periféricas al momento en que acontecen los hechos del cuadro: a partir de la fiesta de primera comunión truncada por los federales, capítulos más tarde sabremos quién es Consuelo Madrigal y cómo ha sido su vida (llena de altibajos), en la que la constante es la virtud católica; por el mismo cuadro nos enteramos de que la madrina de la niña que está a punto de hacer su primera comunión es la madre de un joven gallardo, inteligente y con un corazón que arde por su patria y su fe: nuestro protagonista, Héctor Martínez de los Ríos (nombrado así por la fascinación que ejercía en su abuelo la figura épica del héroe homérico). Otro cuadro nos presenta a los malos al servicio de Calles: el General Ortuzar, el capitán Caravates y el adversario de Héctor, conocido por el apodo de “Pelotes” este cuadro presenta a los enemigos de la fe con eficacia similar a la que consigue Altamirano al mostrarnos a sus “plateados” no hay por qué dar descripciones psicológicas; con verlos angustiados por no saber el artículo 16 constitucional, por no tener una constitución a la mano y por terminar las cosas con violencia, nos basta para saber cómo son todos los callistas.

Otro aspecto de la novela anterior a la Revolución es el determinismo; igual que otro escritor católico, Federico Gamboa, desde el nombre de su personaje Jorge Gram concede a Héctor un destino que debe llevarse a cabo. Con la misma intención de Gamboa, aunque no de igual forma (su “Santa” es una ironía de ese determinismo), el nombre de la novela de Gram y el nombre de sus personajes encierran un simbolismo: Héctor, el héroe de Troya, menos emparentado con el paganismo que los héroes aqueos, es quien representa la resistencia a pesar del hado cruel. Héctor representa la muerte legendaria como cura de la vida indigna. A su lado, el “Consuelo” de saberse libres a pesar de los martirios de este mundo material. Para Jorge Gram y demás escritores que incluso hablaron de una situación histórica de anti-catolicismo (Héctor encuentra en sus estudios la figura demoniaca de Benito Juárez y su terrible idea de separar Iglesia y Estado) o de una conspiración bolchevique y norteamericana, estos son los motivos por los cuales se debía luchar aun cuando se tuviera la batalla perdida desde el principio; como recurso retórico, enaltecer el triunfo de los cristeros al enfrentar y derrotar a un enemigo notoriamente superior, es digno de mención.

En medio del fanatismo religioso y de la pugna entre Iglesia y Estado, es importante darle su lugar al novelista Jorge Gram, quien propuso una estética práctica y utilitaria, que combina su fin comunicativo y panfletario con una labor sesuda en torno al quehacer novelístico.

 

 


1 1ª ed. con falso pie de imprenta de Marpha, Texas, 1930, pero impresa en México, según se aclara en la 6ª ed., Jus, 1953.

2 Alicia Olivera de Bonfil, La literatura cristera, México, INAH, 1970, p. 235.
 

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Isidoro Eliut (Irapuato, Guanajuato, 1982) estudió la carrera de Lengua y Literaturas Modernas Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM); ha publicado poemas en la antología Miradas inquietas: compendio de poesía joven de la Escuela de Iniciación Artística No. 1, INBA (Conaculta, 2007) y es ganador del Certamen de Cuento Breve Jaime Torres Bodet de Ciudad Nezahualcóyotl.