Números anteriores

No. 16/CINE


 
La duda y Slumdog millionaire


Rodrigo Martínez



La duda
Director: John Patrick Shanley
Estados Unidos / Inglaterra, 2008

Slumdog millionaire
Director: Danny Boyle
Inglaterra, 2008

Ver trailers aquí




La duda

duda-1.jpgDesde el momento en que el sacerdote Brendan Flynn (Philip Seymour Hoffman) concluye un sermón donde señala que la duda es un factor de comunión tan poderoso como la certeza, Aloysius (Meryl Streep) está segura de que debe vigilarlo y comunica su sospecha a otras oficiantes. La hermana y profesora James (Amy Adams) responde al llamado y decide relatar que, luego de una clase en que Flynn llamara a Donald, un monaguillo de color que es protegido del clérigo, éste vuelve de la oficina del padre con el semblante triste y con alcohol en el aliento. La directora del colegio de la parroquia de San Nicolás en el Bronx asume que el párroco es pederasta y trata de propiciar su renuncia. Para conseguirlo, la mujer enfrenta al preste y convoca a la madre del niño. Su único obstáculo es que no posee pruebas del presunto pecado.

Según John Patrick Shanley, La duda surgió debido a su deseo de escribir una historia que permitiera desarrollar la idea de que el hombre no es capaz de tener certezas. Esta pieza de teatro que mereció el premio Pulitzer y cuatro premios Tony en 2005, y que ahora es llevada al cine, es una película de perfil filosófico que discute la posibilidad de las verdades absolutas. La película no es una denuncia ni un ejercicio sensacionalista pues, aunque se estrenó en medio de escándalos de pederastia en la iglesia católica, su tema es la vulnerabilidad del género humano frente a los fenómenos que no pude confirmar ni explicar.

La duda parte de un planteamiento narrativo tradicional. Tras la misa de Flynn que desata las sospechas en pleno año de 1964 (uno antes de la conclusión del concilio del Vaticano que marcó una apertura de la iglesia), el director compone una serie de escenas de presentación de personajes. El sacerdote es un hombre liberal y compasivo, por lo que ha conseguido empatía con los fieles. Aloysius pertenece a la corriente ortodoxa de la iglesia y, aunque es una mujer bondadosa, su temperamento está dominado por el deseo de atemorizar. Está convencida de que el miedo a Dios y la certeza de que existe son el único camino correcto. Donald y la hermana James son seres inexpertos, temerosos y vulnerables. Él busca afecto y protección pues en su propio hogar es golpeado severamente por su padre, mientras que ella intenta definir su vocación en un medio religioso que se debate entre el fundamentalismo y la tolerancia. Cuando la joven profesora revela la información a la directora se desata un conflicto que absorbe el desarrollo de la cinta hasta la resolución.

duda-2.jpgEl filme posee dos valores fundamentales: el director incorpora el ambiente del Bronx y de la época (cosa que no puede hacer con los recursos del teatro) y permite que Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman se desenvuelvan como lo harían en un proscenio. El manejo de planos evidencia la inexperiencia de Shanley, pero la fotografía (a cargo de Roger Deankins, colaborador habitual de Joel y Etan Coen) y la dirección de actores conceden momentos de indudable belleza donde el desenvolvimiento dramático es de primera calidad debido a la capacidad de los dos actores protagónicos. Los colores del medio, el signo del viento y la presencia apenas perceptible de los pobladores se suman a esta mancuerna memorable para conseguir un drama sin adjetivación, pero tan atemorizante como la rama que se quiebra en el jardín de la parroquia durante una tormenta. El eje conductor de la cinta es la confrontación entre el párroco y la directora del colegio. El sostén es la necesidad de obtener respuestas. La textura está dada por los testigos del suceso: Donald, la hermana Adams y el ambiente que, de pronto, parece enunciar el cisma que se avecina.

Hay tres secuencias que sintetizan el espíritu y la energía de la película: el sermón sobre la incertidumbre, la reunión entre Aloysius y la madre de Donald (una Viola Davis formidable que, en una sola escena, hizo más que Penélope Cruz en Vicky Cristina Barcelona), y el diálogo final entre la directora y el padre Flynn (un Hoffman sólido, por encima de Antes de que el diablo sepa que estás muerto, y que no obtuvo el Óscar solamente por el desafortunado deceso de Heath Ledger). Estos episodios formulan el concepto de la cinta. Ninguno de los personajes tiene certezas, como ocurre, según el director, con todos los hombres. El clérigo es víctima de su propia compasión mientras que la hermana lo es de su propia firmeza. Cuando la madre de Donald le dice que estará del lado de quien proteja a su hijo, Aloysius sabe que está sola en su lucha contra el párroco. Sólo la voz del viento, símbolo de pasión y de ruptura, es convincente.

La duda confirma que las adaptaciones de la dramaturgia al cine pueden derivar en algo más que un espectáculo dramático ya que constituyen un campo para la reflexión sobre la condición humana. A ello debe añadirse la presencia de dos actores que son referentes del cine norteamericano, la entrañable aparición de Viola Davis y el trabajo eficiente de Amy Adams. Sólo un reparto como éste podía otorgar la poderosa escena final en que la hermana Adams posa la cabeza sobre las rodillas de una Aloysius que no puede reprimir el llanto.



Slumdog millionaire

slumdog-1.jpgMuchas de las innovaciones en el cine contemporáneo son producto del trabajo con la forma. La diversidad visual es uno de los rasgos de lo que los especialistas denominan cinematografías de la posmodernidad. Otra señal de esta época es la intertextualidad; es decir, la inclusión de motivos, imágenes o pasajes de diversos discursos narrativos en una cinta. Slumdog millionaire, de Danny Boyle, que ha tenido un éxito abrumador en Hollywood, se ajusta a esta concepción sólo que, además de aludir a creaciones diversas, esta historia de amor, que también puede verse como un cuento de hadas, incorpora distintas tradiciones y tiene como valor más importante el despliegue formal que el director consigue con el trabajo de cámara.

Mientras participa en el programa televisual ¿Quién quiere ser millonario?, Jamal es torturado por dos policías pues se sospecha que hizo trampa. El joven de las zonas marginadas de Mumbai rememora su vida conforme responde las interrogantes de los oficiales: recuerda que su madre fue asesinada en una persecución contra musulmanes por lo que tuvo que huir junto con su hermano Salim y una niña huérfana llamada Latika; que un hombre llamado Maman llevó a los tres a una suerte de orfanato donde, debido a su valor y obediencia, Salim consiguió la confianza de su benefactor y descubrió que los niños recibían "lecciones" de vocalización para trabajar en las calles como cantantes ciegos; que el día que lo cegarían su hermano lideró un escape que culminó en un tren que Latika no logró abordar; que sobrevivió hasta la adolescencia, pero que nunca dejó de buscar la oportunidad de hallar a su compañera perdida, y que, cuando la encontró, Salim decidió convertirse en sicario de un gángster y lo separó de Latika de nuevo; que tuvo que seguir su camino solo, cosa que lo llevó a aparecer en televisión como táctica final para recuperar a Latika.

En Slumdog millionaire la intriga de predestinación es tan clara que las secuencias iniciales de la cinta indican cómo será la resolución. Un día en la infancia de Jamal y Salim, mientras el primero ocupaba un sanitario público, un actor del cine hindú (el llamado Bollywood que en el 2008 produjo 1, 146 películas) llega a su comunidad. Salim bloquea la puerta de la letrina para que su hermano no pueda salir. Jamal no logra escapar a empellones así que decide saltar al depósito de heces y correr para ver a su ídolo. El niño consigue un autógrafo que alza triunfal ante el estupor de su pariente. La inocencia de Jamal queda al descubierto, pero también su temperamento indomable y, por supuesto, su condición de héroe. En todo momento sabemos quién triunfará, quién morirá y cuál será la pregunta final del concurso en el que participa el ya adolescente Jamal (cuando los hermanos acudían a la escuela, su profesor les leía Los tres mosqueteros).

A pesar de que la película es predecible y hasta inverosímil (uno de los policías que torturan a Jamal termina admirándolo), su valor está en el lenguaje formal. Con recursos similares a los de Trainspotting (1996), Boyle recurre a un manejo de planos, cortes y elipsis que no sólo es rítmico y eficaz, sino elegante. Esta exquisitez fue posible porque la estructura está conformada por retrospecciones (flashbacks) donde el protagonista relata los episodios de su vida que le dieron la respuesta a cada pregunta del concurso. El director buscó un estilo expresionista con colores vivos (aunque sucios) y encuadres abarcadores, y con un efecto de movimiento permanente que obtuvo con un montaje eficaz. El virtuosismo formal de la película, filmada con cámaras analógicas y digitales, se funda principalmente en un manejo fino de todo tipo de travellings y paneos, y en el uso preciso de la elipsis, como cuando los hermanos caen del ferrocarril y, tras rodar por la arena, aparecen ya no como niños sino como adolescentes.

slumdog-2.jpgVarios de los múltiples estereotipos (muchos de ellos lugares comunes del drama con “final feliz”) que hay en Slumdog millionaire están disimulados por el espectáculo formal del director y del fotógrafo (Anthony Dode Mandle, partícipe del Dogma 95). Se trata de un cuento de hadas cuyo hilo conductor es la comunión final de los enamorados. Sin embargo, y sin caer en escenas mórbidas, Boyle da una señal apenas perceptible de una tradición del cine británico (Free Cinema) al incorporar viñetas de la problemática social de las grandes ciudades. Su propósito fue ir más allá del drama entretenido. Como señala Anthony Lane, crítico de cine de The New Yorker, el Mumbai que ofrece esta película tiene parecido al Londres de Charles Dickens en Oliver Twist. El asesinato de musulmanes, los niños cegados para trabajar en las calles, el poder del crimen organizado y la discriminación tienen lugar en el relato, pero el director evade el efectismo del plano detalle y emplea tambores y sonidos electrónicos en la banda sonora para dar ritmo y neutralidad a las escenas conmovedoras sin dejar de lado el realismo social.

Si bien no se trata de una realización innovadora, Slumdog millionaire tiene un estilo visual original en el abordaje de un relato de amor y esperanza. Se trata de un producto característico de Bollywood (que en Hollywood valió 8 premios Óscar de 10 nominaciones; entre ellos el de mejor película), pero concebido por un autor que rechaza el sentimentalismo y que trabaja en un medio donde hay directores veteranos y jóvenes que destacan por el uso de la cámara y del montaje (sobretodo Terry Gilliam y Joe Wright). Varios críticos afirman que la virtud de esta realización se encuentra en los personajes. No comparto esta tesis ya que casi todos los protagonistas son planos y su valor está más bien en su desempeño como bloque. Y es que, sin el ritmo de Boyle, sin la fotografía de Deakins y sin el guión de Simon Beaufoy (The full monty, 1997), esta cinta no sería más que un melodrama inverosímil.

Quizá Slumdog millionaire no sea la mejor película de Hollywood en el 2008 (me parece que la disputa por ese lugar está entre Milk, de Gus Van Sant, y Frost / Nixon, de Ron Howard), pero se trata de una realización profunda que, además de constituir una lección en el uso de la cámara, posee una connotación política en pleno desarrollo de una crisis que va más allá de las finanzas y que ha afectado la identidad de varias sociedades. Se trata de su retórica; o bien, su deseo de comunicar las nociones de esperanza y de posibilidad de cambio.





 

Rodrigo Martínez (Ciudad de México, 1982) es comunicólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha publicado en las revistas Punto de partida, El Universo del Búho, Viento en vela, La revista y Periódico de poesía (versión digital). En 2004, obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Universitario Agustín Yáñez convocado por la revista Tierra adentro y el Conaculta. Ganó el premio de cuento del Concurso 35 de Punto de partida (2004) y, un año después, recibió el de crónica del mismo certamen. Coordina el Área de Publicaciones Digitales de la Dirección de Literatura de la UNAM y es profesor de asignatura en la FCPyS (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.).