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No. 20/CINE


 
Vals con Bashir


Rodrigo Martínez


 
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Vals con Bashir
Director: Ari Folman
Israel / Francia / Estados Unidos, 2008

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En septiembre de 1982, en plena invasión del las Fuerzas de Defensa de Israel a Beirut, y tras el asesinato de Bashir Gemayel —quien recién había sido elegido presidente de Líbano—, una milicia cristiana decidió vengar el atentado y atacó a los civiles de las poblaciones de Sabra y Shatila ante la mirada de los soldados israelíes. Veinte años después, Boaz, uno de los reclutas del ejército de Israel durante las operaciones militares en Beirut, se reunió con el cineasta Ari Folman para relatarle una pesadilla: cada noche veintiséis perros lo buscan ladrando enfurecidos, babeando y derribando objetos en las calles alrededor de su casa. El sueño se debía a que en su servicio militar tuvo que asesinar al mismo número de caninos en una localidad palestina para que sus aullidos no alertaran a los residentes. Luego de la confesión, el director de Hecho en Israel (2001), quien también fue combatiente cuando tenía diecinueve años, comenzó a preguntarse por qué no recordaba qué hizo en los días de la intervención ni qué pasó en las dos noches en que fueron asesinados alrededor de tres mil palestinos. El resultado de la investigación es Vals con Bashir, un documental realizado con técnicas de animación cuyo tema no son los hechos históricos, sino la reflexión sobre la memoria individual como fundamento de una moral colectiva sobre la historia.

Salvo por su concepto visual, que comparte muchas características con la también reciente Persépolis (2007), Vals con Bashir es una pieza documental en su totalidad. Folman brinda a su trabajo un objetivo bien delimitado: el redescubrimiento de su experiencia en Beirut a través de un método bashir-3.jpgde investigación basado en la entrevista testimonial, una de las técnicas esenciales de este género. La estructura es un diálogo entre el relato oral con “cámara fija” y la animación tridimensional de las experiencias del autor y de los personajes interrogados. Además de ser un poderoso vehículo de persuasión, este montaje dota de una ideología al filme. Se trata de una realización más cercana al periodismo que a la autobiografía, con el enfoque sociológico y la actitud humanista de las producciones de algunos de los mejores representantes de esta modalidad cinematográfica (Joris Ivens, Jean Vigo, Luis Buñuel, Georges Franju).

Además del trazado preciso de su propósito, este documental posee una estética unificada que profundiza en la relevancia humana y moral de los hechos representados. Cada vez que la cámara está ante un entrevistado, Folman escenifica los testimonios a la manera de retrospecciones (flashbacks) que a veces son tan penetrantes como la realidad (un soldado se oculta en la playa para huir nadando durante la noche luego de que todo su regimiento fue eliminado en una emboscada) o tan ficticias como las bashir-2.jpgleyendas (tras desvanecerse por mareos y vómitos, un joven ve cómo emerge del mar una mujer gigantesca para tomarlo y protegerlo flotando sobre el agua mientras la embarcación en que viajaba es destruida por un proyectil). Con las posibilidades de la animación (clásica, en flash y con efectos tridimensionales), el director dibuja figuras afiladas en una paleta monocromática en amarillo pálido y café para confrontar las ensoñaciones con la realidad. Toda su investigación consiste en traer a la luz las sombras que rondan su memoria. Con el concepto visual se impone una sensación de irrealidad, pero también se produce distancia ideológica y neutralidad sentimental frente a la violencia de los hechos. El tono no es dramático pues el realizador integra secuencias fantásticas, humorísticas y trágicas al discurso estético del filme para reforzar su ideología humanista.

Pocos documentales poseen un medio de expresión tan específico y una relación de completa armonía entre sus elementos. Vals con Bashir tiene esta virtud porque funciona por la coexistencia de todos sus componentes. Junto al papel relevante de su estética visual y de su objetivo temático, la música tiene una importancia notable. Se trata de un mecanismo que cohabita con el método de bashir-4.jpgindagación y con la visión plástica del filme, pero que no funge sólo como complemento de aquéllos. Aunque depende del discurso fílmico principal, tiene una autonomía moderada y consigue ser un lenguaje en sí. Fundada en géneros populares con frases como “buenos días, Líbano” u “hoy bombardeé Beirut”, y en modalidades clásicas que recuperan el vocabulario musical de Johann Sebastian Bach, la banda sonora provee ritmo a la narrativa, crea estados de ánimo y connota una situación de crisis social e histórica. Todo en una relación solidaria con la ideología, el objetivo y el diseño de la película.

Quizás el modelo de documentalismo que inspiró a Ari Folman fue el de la llamada Escuela Británica de 1920. John Grierson y Paul Rotha pensaban que este género tenía que ser un examen de conciencia. El espectador debía observar y percibir los hechos de una forma diferente. Es cierto que la regla intocable de este movimiento obligaba al realizador a filmar los sucesos con sus verdaderos protagonistas y en los lugares donde sucedieron. No debía existir ningún elemento artificial además del encuadre cinematográfico. Vals con Bashir no respeta las exigencias formales de dicho grupo, pero sí comparte su espíritu. bashir-5.jpgHay una secuencia fundamental tanto por su impacto como por su significado: en una calle de Beirut un comando israelí es emboscado por francotiradores. Un periodista y su camarógrafo cruzan el camino a pie en medio del combate mientras los pobladores miran, como en el cine, desde los balcones y ventanas de sus hogares. Un soldado israelí arrebata un arma a uno de sus compañeros, sale de su trinchera y se dirige al centro de la avenida que es el núcleo mismo del enfrentamiento. El militar comienza a bailar un vals mientras dispara frenético en todas las direcciones posibles. En el muro de un edificio hay una fotografía gigantesca de Bashir Gemayel que sirve de escenografía a la figura del combatiente. Es probable que este acto de heroísmo no sucediera, pero en los recuerdos del protagonista fue un momento auténtico. El tema del documental es la memoria. Folman debía representar la escena, con todos sus detalles, porque el concepto de su película así lo demandaba. La fantasía era un requisito necesario. Sólo así era viable el cometido del documentalismo británico de 1920: que el público adquiriera una nueva sensibilidad y que viera cada acontecimiento de una forma diferente.

Vals con Bashir no es la verdad histórica sobre los crímenes en Sabra y Shatila, sino una recuperación de la experiencia individual que se propone fungir como una didáctica de la moral histórica. Es también una reflexión sobre el cine mismo: durante la charla que inspiró el documental, Boaz preguntó a Folman si las películas podían ser terapéuticas. La cinta también trató de responder a esa pregunta, por lo que logró rescatar los recuerdos y las inquietudes del director sobre su experiencia en Líbano. El resultado fue un testimonio que no aporta certezas sobre lo sucedido en 1982, pero que representa una interpretación controversial, pero necesaria, del papel israelí en la tragedia. Es una lección colectiva que alude al Holocausto nazi como un paralelismo necesario para referirse a una matanza de la que el ejército de Israel fue cómplice sin importar si lo hizo por voluntad. Resulta equivocado concebir que este documental de animación buscó escribir la historia pues su papel, como propuso el excompañero de armas del realizador, fue reconstruir un periodo en la vida de un sujeto para romper con los saldos de una experiencia perturbadora. Sólo que, además de una emancipación a través del arte, este trabajo es un alegato humanista que advierte sobre la importancia que tiene la capacidad de un pueblo de reconocer los errores de su pasado para actuar con dignidad histórica cada vez que afronte escenarios geopolíticos delicados.

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Rodrigo Martínez (Ciudad de México, 1982) es comunicólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha publicado en las revistas Punto de partida, El Universo del Búho, Viento en vela, La revista y Periódico de poesía (versión digital). En 2004, obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Universitario Agustín Yáñez convocado por la revista Tierra adentro y el Conaculta. Ganó el premio de cuento del Concurso 35 de Punto de partida (2004) y, un año después, recibió el de crónica del mismo certamen. Coordina el Área de Publicaciones Digitales de la Dirección de Literatura de la UNAM y es profesor de asignatura en la FCPyS (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.).