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 No. 20/ENSAYO


 

El sexo como manjar de los dioses... ¿Y las diosas?



Aidee Orozco


 

Claudia dice: “Hasta los veintitantos años tuve la impresión de que me pasaba algo, porque no alcanzaba el orgasmo cuando hacía el amor. Fingí durante todo mi matrimonio con Raúl. Pensaba que todas las mujeres lo hacían. Con Raúl sólo se trataba de un rapidín, tal vez de muchos, y nunca tuve un orgasmo; no podía hablar con él de ello. Platicando con mis amigas, les oí decir que el momento en el que él se va al baño, es cuando realmente empiezas a disfrutar. La verdad, yo sí pensaba: cuando él se vaya al baño, entonces podré tener un orgasmo”.

orozco-1.jpgShere Hite descubrió que un gran número de mujeres finge el orgasmo. Los manuales de sexo aconsejan fingir: “si no lo puedes sentir, ¡simúlalo!” Recomendación basada en la cortesía. El fingimiento es un elemento muy importante en la femineidad. Basta darle un vistazo a la sexualidad femenina en el ámbito público. Muchos sex symbols femeninos han sido mujeres maltratadas a las que el sexo, al parecer,  les dio poco placer: Marilyn Monroe, sex symbol por excelencia, fue víctima de abusos cuando era una niña. Linda Lovelace, la actriz de películas pornográficas, maltratada por su marido, que también era su manager.

Fingimos, pero también olvidamos. La psicóloga Anne Dickson explica, en El espejo, que descubrió que tenía un clítoris tras diez años de mantener una vida sexual activa e insatisfecha. Fingimos, olvidamos y también renunciamos. Muchas mujeres simplemente renuncian al sexo, abandonan cualquier aspiración de alcanzar el placer sexual. Muchas de ellas deciden que éste jamás estará a su alcance y renuncian porque desconocen el potencial que tienen para sentir placer físico.

Ahora, lo que debemos analizar es ¿cómo interpreta la sociedad la insatisfacción sexual expresada por las mujeres?

Las explicaciones más recurrentes están basadas en la opinión de que existen diferencias entre los sexos. Según esto, las mujeres tienen necesidades sexuales distintas a las de los hombres, por eso es que el sexo ocupa un lugar distinto en sus vidas. Se dice que la mujer puede disfrutar del sexo sin llegar al orgasmo, mientras que eso causaría un malestar físico en el hombre. El video sobre educación sexual de Andrew Stanway La guía de los amantes repite la idea de que el orgasmo tiene menor importancia para la mujer.

Otra de las explicaciones más socorridas que se dan para los problemas sexuales femeninos propone que las mujeres se excitan con mayor lentitud que los hombres. La respuesta sexual masculina es más rápida, enérgica y automática: diferentes cosas la desencadenan con facilidad, como puede ser meter una moneda en una máquina de dulces…

La interpretación del placer sexual como algo que poseen los hombres, que ellos buscan y que sienten de forma predominante se ha hecho patente en el transcurso de la investigación de la sexualidad. La ciencia de la sexología, nacida a finales del siglo XIX, se ha ocupado en gran medida de categorizar los comportamientos sexuales aberrantes, y, además, se ha centrado casi de forma exclusiva en la sexualidad masculina.

orozco-2.jpgEs evidente que nuestras formas de pensar y de hablar sobre el sexo aún muestran una marcada inclinación masculina. Sin embargo, es también un hecho indiscutible que en la actualidad estamos viviendo una situación que anima a las mujeres a disfrutar del sexo. Pero con el permiso no basta. Yo argumentaría que para que las mujeres tengan igual acceso al placer sexual deben cumplirse dos condiciones básicas: el conocimiento de la personalidad y la capacidad de autoafirmación. Para disfrutar del sexo se debe comprender cómo funciona el cuerpo y debe creerse que se tiene derecho al placer sexual. Quitarse miedos, culpas, prejuicios: ataduras.

“Qué diferente hubiese sido todo si hubiese sabido más…” dice Claudia.

Preguntarnos qué pasa con las cosas tal como son ahora equivale también a preguntarnos cómo podrían ser. Indicar que la sexualidad femenina está reprimida, equivale a preguntar qué sucedería si se le diera una expresión más libre.

La tarea es acabar con las relaciones sexuales tristes y dolorosas en las que la mujer finge el orgasmo o recuerda experiencias infantiles de abuso, o en las que le desagrada mirar, o durante las cuales alcanza el orgasmo cuando su pareja va al baño, o en las que está preocupada por fantasías sucias, u obligada a llevar a cabo las fantasías de otro, o donde no deja de ver el reloj deseando terminar…

Lulú, que es mi amiga desde hace diez años ella tiene 40 me habló de una relación sexual distinta. Experta en el descontento sexual, ha llegado a la siguiente reflexión: “Si soy sincera, el sexo, en general, no me parece una cosa placentera”. Actualmente lleva una vida alejada de las deliciosas mieles del sexo, pero también me contó la siguiente historia:

orozco-3.jpg“Cuando tenía tu edad veinticinco años estuve saliendo con un hombre, y la relación sexual que tuve con él representa en mi vida una especie de vacaciones en un país extraño al que nunca he regresado. Por algún motivo, con él todo fue distinto. A diferencia de la relación que tuve con mi primer novio o con mi marido, con él me sentía excitada, estaba dispuesta… algo que nunca me pasó con los otros dos. Con este hombre me moría de ganas de hacerlo, no sé por qué. Él se deslizaba dentro de mí, y no era de una forma salvaje como los otros dos; con él era una experiencia realmente placentera. Tiempo después, me hacía preguntas sobre aquella relación y me gustaba recordarla. Seguido me preguntaba si todas las mujeres gozaban de esa sensación, si ésa era la norma. Ni antes ni después he sentido algo parecido con otra persona…”

Definitivamente, el sexo descrito por Lulú siempre será una experiencia aparte… “unas vacaciones en un país extraño, distinto al lugar en que uno vive…”


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Ilustraciones:
weirdvis www.sxc.hu
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Aidee Alejandra Orozco García (México, 1983) actualmente cursa la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha publicado notas y entrevistas en la página de internet americasalsa.com (Octubre, 2008).