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No. 21/POESÍA


 

Poemas 




Alberto Romandía Peñaflor

 

CARECES DE MANADA.
Porque al volver los labios
a la luz del pecho
toda rutina se torna insoportable,
incisivo suplicio de ortigas engullidas.
Siglos sin número, arcos sin iris.
                   Expósito de amor tente inconcluso.
Sueñas –intento persuadirte– apenas
cae la plata sobre tus ojos de ciego.
Caverna en llamas tu lecho
                  propicio a la calumnia.
De ganas de morir
                    te has vuelto humo,
       cobijo de naguales,
fruto del polvo agrio y virulento
que esparce el calendario.
Siempre culmina la mañana: no hay día siguiente.
Aunque nadie advierte este
                               domingo dislocado,
se incrusta en la calma del estertor,
  en carne de la carne.
Si todo es estertor, no hay precipicio.
–mentira al fin
   no pretendías reservarte otros misterios. 



Adagio para las cuerdas de Barber


La creación es el gran mimo (...) Para el hombre absurdo
no se trata de explicar y resolver, sino de sentir y describir.
Todo comienza con la indiferencia clarividente (...)
La obra de arte nace del renunciamiento de la inteligencia
a razonar lo concreto (...) encarna, pues, un drama intelectual (...)
La expresión comienza donde el pensamiento acaba.
Esos adolescentes de ojos vacíos que pueblan templos y museos
tienen su filosofía reducida a gesto (...) Incapaz de sublimar
lo real, el pensamiento se limita a imitarlo (...)
Los hombres más desprendidos acaban a veces por aceptar la ilusión.

Albert Camus

Que con bastante gran pompa han crucificado
por las buenas a dos mujeres creo

André Breton


Creíase que me había mandado perchar un manto de corderos
     abrevando en el agua bendita de los astros por el lago devorados
Más grata que la iniciación de asumirse practicante en imaginerías
     era la asunción de una época de las quimeras
     de los asfódelos verdosos
Las asociaciones macabras sirviéndose de la inmensidad del trueno
     o también pomposo el cofrade escogido por el lirio
No el zahorí con la toca por los suelos   saciado de adoradores
     sino la delicadeza siempre al punto
     cuando el mediodía de la madrugada ya revienta
Oh sambenito de mis flagelaciones   desgañitadas sandalias   
     cerco de Cartago   pesebre para beber las palabras trémulas   
     enema para mis vísceras   corazón de los indefensos
Ignoro por qué me habéis dejado solo en este Adiósmundocruel 
     de los Laberintos y de las Bibliotecas
Aunque el prófugo de la justicia se burle de nuestro culto
     en aras de apedrear los veteranos preceptos
Es la poiésis enervante tomando a la razón por asalto
     despiadada saqueadora posándose triunfante
     en la mismísima ágora de la aldea del pensamiento   
El vagabundo con sus agujeros en el atuendo
     el paisa sorteando las ráfagas de metralla al cruzar la muralla
Entre todos el adalid y maestre de los Filibusteros
     el sabotaje de los espejos
Bendito relapso do las abjuraciones  
Es el amor   el Niño Dios do mis lamentos
     el vértigo de los pétalos   el carboncillo calcinando las máscaras
Los guardianes del sarcófago del Rey Pacal enhebrando a sus 
     andrajosas presas en el traqueteo de las marchas forzadas
Judas el traidor lanzándose bribonamente
     desde la tercera cuerda sin capa ni espada
Los arrecifes entrándole al quite a la MadreSelva
O ya las musas liberándonos del celestial légamo
¡Asestemos el golpe de los contrabandistas!
En el altar sacrílego de la gastronomía tasajos tendidos de 
     canes descuartizados   ¡sacrificio impío de los taqueros!
El amigo de lo ajeno emprendiendo la huida
     si bien sus secuaces moran en las residencias oficiales
¿Cuándo habrá sido acuñado el principio de la dualidad?
Me era preciso establecer mis consecuencias cuanto antes
Las frases tejidas por una refinada depravación hubiesen cundido
     de abrirse una brecha en cualquier tramo de la noche
Toda una tribu de alucinados llorando las privaciones del nuevo día
El sol tostando las espaldas de los tres Reyes Magos
Mi atención raptada repentinamente por el aullido del saraguato
     o acaso sea el caer acompasado del arroyuelo 
Se hubiesen abandonado los amantes terribles a todo esto
     un poco más habrían decorado sus estancias con harapos
     descompuestos de cualquier modo 
     ni sus sobrias vejaciones hubiesen continuado pirograbándose
Como en la piel rancia de los occisos
     el estupor   la conmiseración   el aturdimiento   los motines

Los anuarios olvidados en el estante de las baratijas 
     y de las antigüedades
La ornamentación llevada de la mano 
     por el tintineo de la contemplación
Piero della Francesca eres grande Catalina de Médici
Había comenzado a ser poco propicio efectuar 
     el ‘absurdo’ ritual de lo difuso y viceversa
Para ir armando vínculos se fueron llevando a cabo
     velaciones en adoratorios sepulcrales
     expiando ofrendas a los manes de Unnoséqué atormentado
Luego seguía yo seguía recordando   la narcótica melodía
     el néctar de la avellana   la sanación de los enfermos
     lo soterrado de los augurios   las perlas de la Virgen     
     observando las liturgias con sus baños de sangre
La pila de los sacros bautismos con sus brasas arrolladoras
     su excomunión de los Rebeldes 
     y con su feudo donde claudica el Príncipe de las tinieblas
Jerusalén   eras perversa Gomorra con las ojivas incrustadas al torso
Los susurros en las iglesias me parecían exquisitos 
     diabólicos los estampados circuncisos de las paredes
Los susurros rijosos de la tormenta
Hechicería  y Decadencia
   ambas arrastradas por los fulgores
Erótica la pagoda traída entre todas las evocaciones
Más que las órdenes mendicantes 
     el devocionario de los Beguinos y el de los Hugonotes
Me arrojaría sin más a los brazos de cualquier pordiosera
     hubieran sido aquellas tardes una suerte de 
     romance calibrado en medio del invierno ruinoso
Como acceder a un estado de gracia en el centro de la gruta
Ahí estaban las caricias en clave
     donde los campos magnéticos de la mente resbalan
     tras la vil escarcha de una reminiscencia perfumada
El paisaje mistérico de la vida
     las almas sin sexo entregadas a la lascivia
Todo decorado luciferino me ofuscaba y trastornaba
Saturado   delirante de mi invernáculo  concluí por repudiar
     esos aposentos púrpuras casi sepias  
Durante un luengo tramo había sido el depositario de la alcoba 
     un Fantasma descomunal
Se hubo pues gestado un manicomio en pos de Recitalespoéticos
     monacal cual diestra mampostería
La elegancia so corrupta   las miradas codificadas
Ahora he venido viviendo apenas por las parroquias descascadas
     yago en mi lecho a través del sueño de un Obispo
Asciendo a la gloria del sintetizador cual Mara'akame electrónico
Vuelvo al único beso   a la carcajada fantástica
     de los duendecillos nocturnos


 

Alberto Romandía Peñaflor (Zapopan, 1978) estudió idiomas en diversos institutos (ICMNJ, Proulex, Ciel, entre otros), artes audiovisuales en el CAAV (1998-2000), y filosofía en la U de G y la Eberhard-Karls Universität, Tubinga, Alemania (2000-6); realizó una estancia de investigación antropológica en la UDLAP (2006-7); desarrolla proyectos de labor social en comunidades mayas y huicholas; escribe ensayo, poesía y traducciones, así como artículos como periodista independiente, para algunos diarios y revistas.