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 No. 21/CRÓNICA


 

Crisis de dogmas: II Festival de Revistas Culturales



Silvia Elisa Aguilar Funes


 

La Casa Universitaria del Libro es sede de diplomados, cursos, talleres, conferencias, presentaciones y demás actividades relacionadas con la producción de obras impresas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Este año se celebró el II Festival de Revistas Culturales entre el lunes 31 de agosto y el viernes 4 de septiembre, con el tema Edición, crisis y nuevas tecnologías.

La séptima mesa de discusión incluyó a Mauricio Salvador de Tierra Adentro, Juan Arturo Brenan, editor de Pauta, ambas revistas de Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; a Luis Tovar, jefe de redacción de La Jornada Semanal y a Rodrigo Martínez como representante de Punto de partida y Punto en línea.

La mesa de discusión, cuya preocupación se centró en los retos de la edición digital, concluyó que no hay experiencia superior a la lectura en soportes impresos: pasar las páginas, sentir su textura, aspirar el olor del papel. No obstante, las limitaciones a que están sujetas las publicaciones financiadas por el estado determinan tirajes mínimos y distribución escasa, problemas que en cierto grado pueden solucionar las nuevas tecnologías.

La reunión de la noche del jueves 3 de septiembre atrajo un par de decenas de muchachos, quizá con la consigna académica de escuchar lo que unos editores tenían que criticar de sus hábitos de lectura. Tras el anuncio de la maestra Clara Valdespino de Voices of Mexico de que el representante de La Jornada Semanal llegaría tarde, inició la conferencia.

Tierra Adentro, revista literaria del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, tiene como misión difundir la producción literaria de jóvenes creadores de provincia. Mauricio Salvador establece un paralelo entre el surgimiento de Ulises y la revista en cuya edición participa, pues ambas surgieron de la necesidad de criticar a los escritores contemporáneos y su obra.

“Un grupo de amigos se reunía a hablar mal y criticar la poesía y la literatura contemporánea. Ulises nació por iniciativa de Salvador Novo, consecuencia de sus reuniones con Xavier Villaurrutia y Gilberto Owen.” Éste fue el mismo origen de Tierra Adentro cuando en 1974 la fundó en Aguascalientes Víctor Sandoval.

Han pasado 35 años desde entonces, la transición del siglo XX al siglo XXI implica nuevos retos, se imponen cambios. “Las nuevas tecnologías permitirían, al ser explotadas, el acercamiento a nuevos géneros de creación, pero aún no llegamos a esta etapa. Es por esta razón que los equipos editoriales se plantean el cambio: evolucionar o morir.”

Juan Arturo Brenan, editor de Pauta, expone las razones por las cuales esta revista no tiene una versión electrónica. En principio porque se trata de una publicación impresa de 27 años que por “amor al soporte de papel se ha mantenido fiel a su presentación gráfica”.

El editor y periodista musical encuentra amplia la brecha generacional entre los participantes de la mesa y él mismo, no tanto por su apariencia —señala su abundante barba cana— sino por su pesimismo. Otro problema es que el público al cual se dirige Pauta se reduce. “¿Tenemos que mudarnos a internet? Esto ocurriría en caso de que la revista impresa dejara de ser subsidiada, y el primer problema que enfrentaríamos sería la reducción de la base de editores.”

A esta inquietud, Brenan, sin precisar cifras, agrega que las devoluciones lo llevan a pensar que “nadie lee la revista”. Por ello, cada año, al asignar presupuestos “es necesario presentarse ante las autoridades y justificar la existencia de Pauta, enfrentar una burocracia enquistada”.

Los problemas de distribución son graves, impiden incluso que las inscripciones se logren porque no se garantiza que llegarán a las localidades donde son solicitadas. “El mejor caso, que me hizo sentir feliz, fue hace un par de meses en Aguascalientes. Al terminar mi participación sobre la revista en una conferencia, algunos lectores se acercaron y comentaron muy alegres que acababan de recibir unos ejemplares. Me dio gusto y quise saber qué números tenían. La respuesta fue el 87… Íbamos por el 110 de una publicación trimestral.”

Este tipo de problemas tiene solución a través de las ediciones electrónicas. Rodrigo Martínez comparte la experiencia de Punto de partida, publicación de la UNAM fundada en 1966 con el objetivo de difundir la labor literaria de los estudiantes universitarios. Gracias en parte al concurso a que cada año se convoca, el material de publicación con el que se cuenta excede el número de páginas de la revista impresa. De esta necesidad surgió la versión electrónica y la revista digital Punto en línea. Carmina Estrada, editora, ha conservado los mismos criterios de calidad para las dos revistas, lo cual, en palabras de Rodrigo Martínez, caracteriza “una publicación seria y rigurosa”.

Punto de partida tiene una distribución limitada a instituciones educativas de la zona metropolitana; escasamente llega al interior de la república. La versión digital permite que estos contenidos lleguen a aquellos lugares. “No hay conflicto entre los dos tipos de publicación, son medios complementarios.”

Luis Tovar, con coleta de caballo y chaqueta verde militar, ofrece su punto de vista sobre el problema de la educación. El jefe de redacción de La Jornada Semanal señala que existen diversas crisis; una es la de lectura que se incuba desde la academia.

“Esta condición nos convierte en un público limitado”, y contra ese revés, los editores de publicaciones culturales insisten, persisten incluso en contra de la institución de la que dependen pues “tienen en contra el financiamiento estatal [en el caso de las publicaciones convocadas con salvedad de La Jornada Semanal] que las sujeta a las crisis institucionales”.

Aunque señala un aspecto positivo: “el proceso tiende a depurar”. Esta selección darviniana debe ayudar a mejorar las publicaciones que no cumplan con el objetivo de ampliar la difusión cultural. Para Tovar los editores viejos “debemos entender las posibilidades de la edición digital, no considerarla una panacea”.

Luis Tovar indica que, encima, ninguna revista cultural tiene todos los recursos económicos ni humanos para ser publicada. En el caso de Punto en línea y Punto de partida, apunta Rodrigo Martínez, el equipo editorial ha debido involucrarse en la edición digital y enfrentar carencias de personal: “Las funciones de edición, diseño, corrección y redacción son cubiertas por las mismas personas, pero hacen falta programadores, diseñadores digitales, webmasters…

Pese a estos tropiezos, internet como medio permite una mayor distribución: según las estadísticas las revistas de la UNAM cuentan con lectores y colaboradores antes remotamente imaginados, por ejemplo, de Suecia, Italia y Alemania.

En concordancia con la misión de la universidad, las dos publicaciones también tienen una función didáctica. Uno de los artículos más leídos en la versión electrónica de Punto de partida trata sobre los Relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia, texto básico para estudiantes de literatura y periodismo.

Tierra Adentro no tiene una versión digital a cabalidad, puesto que apenas empezó a hacerse ese trabajo. Mauricio Salvador señala que por una parte están los lineamientos institucionales que impiden actuar inmediatamente sobre decisiones individuales. De esta forma, el proceso de migración se vuelve lento.

“Aparte, yo cuestionaría el que los lectores tengan exigencias claras, establecidas puntualmente para las ediciones digitales.” Hay un alfabetismo distinto en este medio, no obstante “los lectores son distraídos y no hay un dilema ético acerca de sus hábitos de lectura en línea. En pantalla es muy fácil suspender a la mitad y tomar un enlace tras otro que te lleve a lecturas caóticas al cabo de un rato”.

Debe considerarse que también los objetivos específicos de cada publicación impiden rebasar funciones. En Tierra Adentro la misión es dar a conocer el trabajo de los escritores y artistas de provincia. En una postura crítica, Mauricio cuestiona “¿quién lee esta revista?”.

Con respecto a la multifuncionalidad de ciertos aparatos, el multimedia, los todo-en-uno, Luis Tovar considera que no se pueden ofrecer soluciones a tontas y locas desde un solo proyecto. “Lo que hay que recordar es que nada tiene la capacidad de solucionar todo, no podemos resumirlo todo a un solo referente, es estúpido.”

Las revistas misceláneas de entretenimiento entran a ese juego. Juan Arturo Brenan califica a la propuesta de inmediatista. Como colaborador de Cine Premier tenía una columna de alrededor de 3000 caracteres. Un día el editor lo llamó y le pidió que la redujera a 900 caracteres para seguir las tendencias de brevedad.

Este fenómeno de empobrecimiento del medio obedece a las supuestas exigencias de su público de acuerdo con Brenan. “De seguir así alcanzaremos el extremo cuando cada línea de la publicación constituya un ítem.”

En el recibidor han sido retiradas las mesas con ejemplares de Voices of Mexico, Casa del Tiempo, Pliego 16, Archipiélago, Los Suicidas, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, Estudios de Cultura Maya, Acta Poética, Cuadernos Americanos y tantas revistas de difusión cultural. Ya tampoco hay café para un intermedio.

Pese a que los participantes tienen mucho que aportar, la Casa Universitaria del Libro está por cerrar sus instalaciones. Apresurado, Brenan concluye que “a comunicadores pobres corresponden lectores pobres”. Para equilibrar, el representante de Punto en línea recuerda que “no debemos perder de vista el objetivo central de las revistas culturales: difundir y criticar. Tal es la misión y no se puede avanzar en ella sin optimismo”.

 

 

Silvia Elisa Aguilar Funes (Estado de México, 1984) es comunicóloga por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Se ha desempeñado como asistente editorial y labora como profesora adjunta en el área de periodismo de la FCPyS-UNAM. Obtuvo una mención en la categoría de crónica en el Concurso 38 de la revista Punto de partida.