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No. 27/POESÍA

 

Poemas




Nazul Aramayo
 

 
 

Carros blancos sobre música negra

amamos el hip hop
somos barrio
de barro de braceros bruñidos
bronca te presentaste como la tarde
afilada desafiante el sol ardía en balas vagabundas
no cargabas, todavía, ningún muerto
tirabas barrio en la sombra
yo ardía en el asfalto como automóvil desvielado
te rogué con versos inocentes
agarra la onda de que tú me pasas un resto

ay, mira, negra, que mi amor es neto

tu sonrisa inundó la noche oblicua
te pandeaste como luna menguante
y amamos el hip hop
hip hoperos
hip
hop
una muerte musical
desapareciendo en una caja de sonidos
fúnebre y feroz, fuimos cuerpos cortados
amor atados amor dazados amor tecinos amor puteados
amantes
entre ladrillos de un callejón nacimos plaqueados
amantes
entre una torva tolvanera de olvidos respiramos
amantes
entre la madrugada de balas venéreas amanecimos
y amamos el hip hop




Cuando las erecciones caen


la mañana se alza y cuelga los muertos en arbotantes apagados
el rocío se escurre por las alcantarillas
el río se ha desbordado
ella barre la calle y levanta el polvo
como una erección adolescente
su casa, al filo de la corriente pastosa y eléctrica, se hunde en la historia
nos fundimos a golpes
cólera: la enfermedad de mi niñez
destapamos alcantarillas para curar enfermedades
un mito o un mal recuerdo pero
ella sujeta la escoba con tacones altos
espera el espectáculo
hinchado por el río galopante le atizo un par de cachetadas
su rostro enciende la mañana púrpura, nubes florecen heridas en el dorso
     cósmico
sobre mis profundidades caminan las mejores piernas
el plástico de los tacones se funde con la carne morena de mi sombra
mi piel es una alfombra para los derrumbes
ella barre y levanta el polvo
como una erección adolescente
el río nos llama con los berridos de perros muertos que recoge a su paso
en putiza te prendo candela
reviento tus labios y te vienes luminosa, presa sin control
desbocada por el cauce natural abres la tierra
me posees
aguas negras devoran los recuerdos de una casa
los viejos saltan por la ventana
despiertan las cicatrices y de ellas mana juventud encendida
derrotado, el adobe se dobla
confluimos en el lodo tu lengua suelta latigazos al límite de la ciudad
la espuma de la marea un algodón de azúcar
la mañana: ropa sucia de ayer
tu cesárea late bajo el sol
prendo tu aureola con navajazos de neón
niños aúllan sin monedas para sus chicles
la calle amanece:
ella barre y levanta el polvo
como una erección adolescente
como muertos en los arbotantes: déjate caer




El santo rosario sin límite de tiempo


apareciste virgen en un muro
en oración tus piernas juntas
dos navajas morenas abriendo el cielo
sin maquillaje
tu rostro una calle devastada por las lluvias
es la marca de un amor violento en nuestro barrio es-
condidos de tu raza celestial, por temor a la cólera divina
mordí tus labios cacarizos, bebí el sudor de las estrellas
que te hacían brillar como a una actriz
porno
la pared te bautizó esclava y ella
desgastada, desangró adobe por sus poros de alto calibre
te protegí virgen impoluta
bajaste la luna como lencería brillante y transparente
el cielo perdió la máscara
yo perdí la cabellera
en un acto una caída impúdica, sembramos el vértigo.




Pachanga de los pichones


la luna aullaba sobre el cerro de las noas
cristo ardía con los brazos abiertos
y la hierba se movía, se movía y se rolaba de una mano a otra
la ciudad, como el polvo, desaparecía en nuestra nariz
frente a nosotros
autos bien cargados vagaban hacia el infinito éxtasis
nos preguntamos si valía la pena amar esta carne de perro
vendiendo cocaína en bolsitas de cien
fumando mota en la esquina muda del viento
donde soldados y vírgenes plaqueadas ruegan por nosotros
por este amor atracado y adolescente
ardemos como la luna en los vidrios rotos
somos pequeños destellos de un accidente automovilorgiástico
crack
piedra
hielo
soda
foco
vendemos la vida para amar esta alquimia de sangre
y atracarnos en las sombras impunes bajo el manto musical de las sirenas
recordamos la vida cada noche grupera
bailamos cumbia y atracamos sin horizontes ni pasados
atracamos en la plaza púbica
atracamos en el coche chocolate
atracamos en la peparatoria federal
atracamos en el vapor de la fritanga
atracamos en el ardor del gallo
atracamos en el estruendo de las granadas
atracamos en la neblina fálica
atracamos en el polvo de la tierra santa
atracamos fajamos planchamos pichoneamos
y nos forjamos ciudadanos
habitantes de un mundo que huye y aúlla quemando llanta
tus muslos rechinan y las piedras se abren
convertimos la esquina en tiendita y santuario
el cielo una vagina que nos traga y nos deleita en el delito
caemos como disparos ácidos en un cofre blindado
y volvemos a nacer en el atraco
nuestra piel hundida y hedionda nuestra ciudad
canales tajos y avenidas forjados con caricias navajazos cesáreas hijos no
     nacidos no deseados
perros brumosos babeantes vendedores
tu mirada es el camino de los desterrados
valle de láminas
la flor más cara del sembradío
inhalamos el sudor de la piedra
mientras la luna llora sobre nuestras brasas
bajo un foco somos una pareja echada al polvo
sonrientes despachamos la esperanza en el concreto
nuestra espalda tatuada con la nomenclatura del amor
cargamos el inmundo como atlas.

 


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Nazul Aramayo (Torreón, Coahuila, 1985) es licenciado en comunicación por la Universidad Iberoamericana Laguna. Fue becario de la Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Cataluña (FECAC) en el área de Juventud durante el periodo 2007-2008. Ha publicado en las revistas Acequias, Replicante  y en su blog: extranjeronazul.blogspot.com (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.).