Números anteriores

No. 28/RESEÑA

 
El teatro, posibilidad de peligro


Nazul Aramayo


 
 

Registros. Teatro reunido y otros textos
Federico León
Adriana Hidalgo, editora
Buenos Aires, 2005


 


 
portada-registros.jpgEn el teatro de Federico León (Buenos Aires, 1975) la emoción es materia prima para la creación actoral, el desarrollo dramático y la conexión inconsciente con el espectador. La emoción es el camino, la verdad y la vida. Eje temático. Federico León no cuenta historias, sugiere y “en cualquier momento cae una ficha, algo decanta de manera desordenada, caóticamente, intuitivamente, sensorialmente”.

Caos, intuición y sentidos. Las obras de León no se leen como historias donde algo sucede. Las obras, en el papel del libro, se leen como una serie de imágenes que se enfrentan, sugieren, detonan situaciones, emociones. No son secuencias absurdas e inconexas. León es un amo del hipercontrol escénico. Caos controlado. Poética de los sentidos.

Registros: Teatro reunido y otros textos recoge cinco obras teatrales, un guión cinematográfico y una serie de metatextos, ideas sobre escritura-dirección-actuación, pensamientos sobre su obra, crítica y recepción por parte de especialistas. A diferencia de las recetas de cocina, donde uno lee para cocinar. Las reflexiones de Federico León acerca del teatro (escritura-dirección-actuación) nacen de manera inversa, primero se ensayan, se improvisan, el actor y el director juegan y crean, fluyen de la inconsciencia a la consciencia; después se escriben los resultados, las maneras en que llegaron a la obra o al concepto. Las obras esconden obras diferentes, ensayos, caminos distintos, laberintos que se aprecian de manera distinta cada vez que se presentan ante el público; un jardín de los senderos que se bifurcan.

Para leer a León hay que imaginar, hay que dejarse golpear y sentir. Su trabajo, a decir de Alan Pauls, “tiene un problema nada menor: como artista de la crudeza es extremadamente sofisticado”. En Cachetazo de campo (1997) asistimos a una poética del llanto, moco tendido y lloriqueo; dos actrices (mamá e hija) y el campo (también un actor) en situaciones que rondan la inconsciencia de una manera temible: llorar y llorar. Al final, desnudas, pero siempre el autocontrol, personajes que para actuar manejan simultáneamente la razón y el desbordamiento. El riesgo y el flujo de este proceso actoral es la clave del teatro de Federico León. Actores en situaciones físicamente incómodas, desgastantes, que demanden concentración pese a todo. “Igual que en el circo, quiero ver caer al equilibrista, eso es lo que está en juego, en segundo plano está si es o no es habilidoso. En todo caso la habilidad estaría en hacer que se está por caer. En construir el desequilibrio; en crear la posibilidad de peligro, de un peligro absolutamente construido, controlado”.

En Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack (1999) la mamá vive en la tina de baño, el agua se desborda, su hijo junto con su novia y el niño se meten a la bañera, agua fluyendo, un baño común desgastándose, una televisión con programas sobre buceo, los dos varones vestidos con traje de buzo, calor, asfixia, el padre ausente, “relaciones que responden a lógicas acuáticas”. Baño-habitación-comedor-hospital-tumba acuática. Las emociones y el agua narran una historia ―inconscientemente.

Una pareja, como en los ensayos, ya discutió, ya lloró, ya dijo todo lo que tenía que ser dicho; nosotros vemos sus últimos momentos juntos, sus últimas miradas, sus últimos silencios. Ya todo sucedió. Eso nos plantea en su largometraje Todo juntos. Propuesta visual. Todo es visto y repetido, parece que nada sucede cuando en realidad somos testigos del funeral de una relación. Las palabras quedaron enterradas.

Federico León confiesa la influencia de Dostoievski en su manera de hacer teatro ―El adolescente nace de textos recortados de varias novelas del autor ruso―. En ella pone en juego a dos adultos y dos adolescentes. Ejercicio excesivo, violencia, los adultos son más adolescentes que los jóvenes. Todos aplauden. El contrapunto es evidente, razón e inconsciencia, encuentros de energías y lógicas, dualidades creadoras. En la reconciliación entre generaciones late un peligro: “En la fiesta de los adolescentes, en su histeriqueo, los adultos serán más adolescentes que los adolescentes y terminarán violando a una chica de catorce años. Todos los adolescentes llorando, esperando que sus padres vengan a buscarlos”.

La obra termina pero el teatro continúa. “Me interesa que las obras encuentren su forma de manera orgánica, por esta razón los procesos son largos y nada puede preverse, todo tiene que ser susceptible de ser modificado, todo tiene que pasar por el filtro de la comprobación.” La recepción, la piedra que cae y perturba la consciencia límpida del agua. Hay que tocar fondo. Las obras de Federico León, en su caos contenido, en su posibilidad de peligro, invitan a recuperar la emoción primigenia de la actividad creadora.

 


Más reseñas aquí...


Nazul Aramayo (Torreón, Coahuila, 1985). Es licenciado en comunicación por la Universidad Iberoamericana Laguna. Fue becario de la Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Cataluña (FECAC) en el área de Juventud durante el periodo 2007-2008. Ha publicado en las revistas Acequias, Replicante y en su blog: extranjeronazul.blogspot.com (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.).