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No. 29/TRADUCCIÓN


 
Hiperion de Friedrich Hölderlin


Friedrich Hölderlin

Traducción de Alberto Romandía Peñaflor

Extraído de Die Gedichte. Sämtliche Gedichte und Hyperion (Los poemas. Poesía completa e Hiperion), 1ª edición, Insel Verlag, Frankfurt am Main und Leipzig, 2001.

 

Nada poseo, de lo que decir quisiera: es mío propio.

Remotos y distantes están mis bienamados, y ya nada más de ellos percibo a través de voz ninguna.

Mis asuntos sobre la tierra se hallan agotados, pletórico de voluntad me dirigí a la faena, y sangré a propósito de ello, y la tierra en ápice alguno enriquecí.

Sin gloria y solitario torno de vuelta y pendoneo por mi patria, la que, cual un jardín de muerte, amplia en derredor se sitúa, lejana, y me aguarda quizás el verduguillo del cazador, quien a nosotros griegos, como a presa del bosque, a placer nos sostiene.

[…]

Ser uno con todo, ésa es la vida de la divinidad, ése es el edén del hombre.

Ser uno con todo lo que vive, en beatífico olvido de uno mismo de nuevo retornar al todo de la natura, tal es el cenit de los pensamientos y regocijos, tal la santa altura de las cordilleras, el sitial del eterno silencio, do el mediodía su bochorno y el estruendo su voz pierden y la mar efervescente se empareja a la onda de trigales y campos de aguardiente.

¡Ser uno con todo lo que vive! Con esta palabra la virtud se unta al arnés furioso, el espíritu del hombre al cetro ausente, y todos los pensamientos merman ante las imágenes del bien avenido mundo infinito, como las normas del esmerado artista frente a su Urania, y el éneo destino desiste del poderío, y desde la alianza de los entes decrece la muerte, y la inseparabilidad y la eterna juventud venturosas, embellecido el mundo.

¡Sobre esta cumbre me planto con frecuencia, Bellamin mío! Mas un momento de cavilación me arroja cuesta abajo. Reflexiono y me encuentro, como primero estuve, solo, con todos los pesares de la mortalidad, y el asilo de mi corazón, el bien avenido mundo infinito está estropeado; la naturaleza oblitera los brazos, y yo me planto como un peregrino, frente a ella, y no la comprendo.

¡Uff! No hubiera jamás asistido a vuestras escuelas. La ciencia, a la que yo entre las sombras perseguía, de la que yo, torpe adolescente, anhelaba la confirmación de mi límpido júbilo, ella corrompió todo lo mío.

Entre vosotros me he vuelto tan recto razonable, he aprendido a diferenciarme a fondo de lo que me liquida, pues bien estoy aislado del mundo primoroso, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecí y florecí, y me curto al sol del mediodía.

Oh, un dios es el hombre cuando sueña, un pordiosero cuando discurre, y cuando el frenesí se ha marchado, él permanece ahí, cual hijo malogrado echado por el padre del hogar, y contempla los miserables céntimos que la lástima le dio sobre el camino.*

 


* Las cursivas son mías.

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Friedrich Hölderlin (Württemberg, 1770-1843). Poeta alemán. Estudió Teología y fue amigo y compañero de Georg Wilhelm, Friedrich Hegel y Friedrich Schelling. Se dedicó también al estudio de la literatura y la filosofía clásicas, tradujo al alemán algunas tragedias griegas y escribió poesía. Entre sus obras se encuentran Hiperión o el eremita en Grecia, Los himnos de Tubinga, Las grandes elegías, La Muerte de Empédocles y Emilia en vísperas de su boda.

Alberto Romandía (Zapopan, 1978). Estudió idiomas en diversos institutos (ICMNJ, Proulex, Ciel), artes audiovisuales en el CAAV (1998-2000), y filosofía en la U de G y la Eberhard-Karls Universität, Tubinga, Alemania (2000-2006). Realizó una estancia de investigación antropológica en la UDLAP (2006-2007). Desarrolla proyectos de labor social en comunidades mayas y huicholas. Escribe ensayo, poesía y traducciones, así como artículos como periodista independiente para algunos diarios y revistas.