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No. 29/CINE

 
Los niños están bien


Rodrigo Martínez
 
  

Los niños están bien
Directora: Lisa Cholodenko (Estados Unidos, 2010)




 

cholodenko-cartel.jpgPara cumplir un pacto de infancia, Joni (Mia Wasokowska) y Laser (Josh Hutcherson), los hijos adolescentes de un matrimonio lésbico, resuelven conocer a su padre biológico. Tras leer a escondidas los documentos del banco de esperma, los hermanos no sólo descubren que el donador es un hombre llamado Paul (Mark Ruffalo), sino que logran reunirse con él y saber que es un hombre cercano a la madurez, soltero y de carácter sociable, que comercia alimento orgánico. Luego de conocer al minorista, Nic (Annete Bening) y Jules (Julianne Moore), dos madres que viven una crisis en plena madurez, deciden alejarlo para preservar la genealogía intacta. Con Los niños están bien, Lisa Cholodenko (Los Ángeles, 1964) narra las inseguridades al interior de una familia para recrear la capacidad de resistencia de una de las instituciones sociales que ha logrado conservar la identidad con todo y los cambios en su forma.

La cuarta realización de Cholodenko se inscribe en la temática de las genealogías con un planteamiento original, pero reproduce lo roles occidentales de la institución familiar. La mirada a la incertidumbre de una familia contemporánea con dos madres al frente, no se interesa por el matrimonio homosexual ni por las nuevas formas genealógicas. Los niños están bien es una comedia clásica que aborda la identidad moral de cualquier tipo de familia cuando afronta un periodo de inestabilidad o la presencia de elementos desequilibrantes. No es una exploración antropológica de los arreglos domésticos contemporáneos, sino una viñeta de época sobre la capacidad de resistencia de los valores de un tipo de orden cívico.

cholodenko-01.jpgSi bien es cierto que la propuesta de la colaboradora de la serie televisual Six feet under no deriva en propaganda en favor de un sistema de valores, las peripecias de su familia atípica parecen responder a una programación cultural adecuada al contexto moral e ideológico que rodea la película. La búsqueda de los hermanos adolescentes es resultado de una carencia. Como hijos de un matrimonio lésbico, experimentan un periodo de cuestionamiento del liderazgo de su propia familia. La aparición de Paul equivale al encuentro con un oráculo. Aunque el donador es algo despreocupado y aún no comprende del todo que ya es un adulto, su presencia propicia dos cambios que la educación maternal no logró: que Laser aprenda a evitar amistades peligrosas y que Joni consiga mayor autonomía frente a sus madres. Con un montaje vertiginoso, apenas aletargado por la música de Joni Micthell, que logra la difícil técnica de manejar expectativas en distintos ritmos, esta comedia encubre una idea sobre la identidad de la familia occidental. Parece indicar que las genealogías, bajo cualquier forma, están condenadas al fracaso si no disponen de un genuino rol paternal.

Como sistema de interacciones en desequilibrio, y a pesar de la moralina implícita, Los niños están bien pertenece al tipo de comedia doméstica que consigue el balance entre humor, verosimilitud y reflexión. A pesar de que algunos enredos emocionales resultan predecibles, Cholodenko logra un elemento que sorprende por impredecible: la capacidad de sus personajes pícaros y cómicos de convertirse en individuos demasiado humanos; o bien, lograr naturalidad en los momentos solemnes dentro de una película cuyo género no reclama el realismo. El juego de expectativas y oposiciones que resulta del guión, de la dirección y de un trabajo de actores donde destaca Julianne Moore, produce un ritmo tan coherente en el encadenamiento de las escenas que el espectador apenas si distingue los lapsos de comicidad de los sucesos graves. La forma de la película simplifica la esencia del género cómico y provoca una toma de consciencia del contexto social y del orden moral de nuestro tiempo. Bajo cualquier circunstancia, los rasgos dominantes de la familia siempre son los mismos.

cholodenko-02.jpgEn la historia de la cinematografía, el humor doméstico posee una trayectoria reconocible. Sus mejores exponentes suelen mezclar el drama y la crónica de época. Los niños están bien repite esta tradición al presentar una imagen de la familia como una entidad capaz de trascender los desequilibrios del orden social y moral. Los roles del filme son los más característicos de las genealogías. De cabello corto y voz sólida, Nic trabaja como médico y lidera a la familia como sostén financiero y autoridad. Su esposa Jules hace labores de hogar y conserva tanto los anhelos de la adolescencia como las dudas sobre la identidad. El entorno se impone al sistema familiar. Las pruebas de virtud que las dos mujeres deben atender, y que van de la madurez a la fidelidad, son las mismas que enfrentan todos los individuos en familia. El peso de una época se manifiesta cuando los personajes comienzan a comprender que acciones como el amor y el perdón resultan poco relevantes cuando se sabe que la familia es un arreglo para la adaptación y la sobrevivencia.

Son numerosas las ocasiones en que Lisa Cholodenko ha expresado que su cine se interesa por la identidad, el comportamiento y las maneras en que los individuos eligen sus afectos. Conseguir que una poética fílmica reúna una inquietud de base antropológica sin afectar el estilo visual de una película, sólo puede resultar de una sensibilidad capaz de contener los afanes científicos al explotar la variedad de registros que ofrece el drama y la infinidad de ritmos que permite la narración cinematográfica. Esta fórmula, aunada a una capacidad artística de observación, es lo que permite que Los niños están bien logre una representación realmente lúdica de una la idiosincrasia familiar contemporánea. Aunque esta cinta no logra la profundidad crítica y estética de algunos de los referentes más recientes del denominado cine independiente, como sucedió con Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)y Precious (Lee Daniles, 2009), sí se trata de una recreación de los valores dominantes de una moral que a veces resulta incómoda dentro del filme, pero que permite una versión precisa de una época definida y de una institución intemporal.

 
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Rodrigo Martínez (Ciudad de México, 1982) es comunicólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha publicado en las revistas Punto de partida, El Universo del Búho, Viento en vela, La revista y Periódico de poesía, y en espacios culturales de los periódicos El Financiero y El Universal. En 2004 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Universitario Agustín Yáñez convocado por la revista Tierra adentro y el Conaculta. Ganó el premio único de cuento del Concurso 35 de Punto de partida (2004). Un año después, recibió el primer lugar en crónica en la siguiente edición del mismo certamen. Es maestrante en comunicación y profesor de asignatura en la FCPyS.