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No. 31/CINE


 
Operación delfín


Rodrigo Martínez


  

Operación delfín (The Cove)
Director: Louie Psihoyos
(Estados Unidos, 2010)




 

cine-the-cove-poster.jpg A más de cuarenta años de haber capturado a cinco delfines para la serie televisual Flipper (1964), el arrepentido entrenador, Ric O’Barry, reconoce que participó en la creación de una industria caracterizada por la crueldad, y busca un equipo de trabajo para recabar evidencia de las matanzas realizadas en el principal centro de captura de estos cetáceos: la bahía de Taiji en Japón. El ahora protector y activista de fauna marina reúne a dos buzos expertos, a un aventurero y a un par de especialistas en tecnología cinematográfica para instalar numerosas cámaras en secreto y descubrir el mecanismo ya ritualizado con el que un puñado de pescadores desinformados asesinan a un promedio de 23 mil especímenes cada año. El esfuerzo ambiental, apoyado y filmado por el atleta y fotógrafo Louie Psihoyos, deviene una aventura colectiva que recurre al poder de simulación de la crónica y a la denuncia equilibrada para lograr un genuino reportaje documental.

Concebido como la confesión sensibilizadora de una culpa que luego se montó con forma de documental, Operación delfín parece un recorrido audiovisual que va de la reflexión autocrítica del fundador de Dolphin Project hasta los planos elaborados de la vida marina de la especie más pequeña de ballenas. La odisea ambientalista e investigativa incluye la filmación en directo, aunque jamás vulgar ni sobredramatizada, de las matanzas con todo y el color rojo del agua en la bahía japonesa luego de una jornada de asesinato sistemático. El despliegue de todo tipo de tecnologías de filmación y el testimonio de un hombre que contribuyó a la creación de la industria de los delfinarios tiene por complemento un relato de no ficción, que bordea el cine de aventuras, pero que no olvida el deber de documentar los sucesos y las implicaciones que motivaron la búsqueda. Muy a tono con la idea sostenida por el cineasta, teórico y profesor Carlos Mendoza en La invención de la verdad (Cuec, 2008), en el material resultante se cumple algo que parece una regla no escrita del género documental: la facultad de recurrir, casi siempre por intuición, al método periodístico.

La estructura de Operación delfín, un documental que quizás fue planificado como propaganda ambientalista, ofrece dos etapas que se vinculan y se explican gracias a los instrumentos del reportaje: el material de archivo, las entrevistas, el relato anecdótico propio de la crónica y la observación en el lugar de los hechos. El primer momento, o los testimonios del arrepentido Ric O’Barry, se torna la exposición de un estado de las cosas. Un contexto temático que conforma un sólido enfoque periodístico a pesar de la ausencia de un guión. La segunda fase relata la ejecución del plan para hallar evidencia y recupera la habilidad reconstructora de la crónica con el fin de crear un estímulo intelectual y emotivo suficiente para desglosar las implicaciones del exterminio a través de datos contundentes sobre la inteligencia del cetáceo, el problema del envenenamiento animal y humano con mercurio por la comercialización de su carne a pesar de que su consumo no es común, y la corrupción política tanto local como internacional.

cine-the-cove-psihoyos.jpgEl ánimo de sensibilización ecologista de un hombre culmina en una verdadera investigación. La crónica trasciende como reportaje cuando el realizador entrevista a biólogos marinos, confronta a funcionarios de Japón y recurre a imágenes de archivo y exposiciones orales del hecho. Como sucede muy a menudo con este género, el montaje final narra los incidentes de las indagaciones antes que las revelaciones y su desenlace. La filmación de la aventura no recurre a la épica del estilo ficcional, sino al seguimiento del equipo de O’Barry y de los hallazgos informativos de Psihoyos para conseguir un tipo de suspenso fundado en la expectativa que causa el plan del escuadrón creado en favor de los delfines. No hay puesta en escena. Sólo una toma de posición frente a la problemática. Los únicos riesgos que el documentalista estuvo a punto de no librar, y que lo hizo sólo porque tuvo que delimitar la investigación, son algunas generalizaciones sobre el suceso y ciertos vacíos de información. El material no explica ni indaga qué factores han impedido la legislación o la prohibición del funcionamiento de delfinarios en los países donde operan, especialmente en Estados Unidos, si ya se conoce que son las principales demandantes de cetáceos para su explotación.

Además de recurrir a toda la inteligencia del método periodístico para revelar hechos de primera plana como las investigaciones que colocan al delfín como el ser más inteligente del planeta o la comprobación de que su aniquilamiento es desconocido por el pueblo japonés y por varias sociedades como resultado de un consenso diplomático, empresarial y mediático, Operación delfín incorpora toda la estética de la imagen cinematográfica. Una secuencia muestra a la buceadora profesional Mandy-Rae Cruickshank cuando experimenta el encuentro con delfines para servir de fuente informativa. Al tiempo que un biólogo marino argumenta la capacidad de la ballena para comunicarse con otras especies, el plano ofrece un fresco formidable, plagado de azul con trazos de luminosidad solar casi naranjas —con profundidad de campo y filtros intensificadores—, de la evolución del nado entre la mujer y el delfín. El reconocimiento entre los dos nadadores llega al grado de convertirse en un diálogo. La especialista, ya conmovida, toca al cetáceo por algo que seguro es una invitación implícita de la criatura marina. La interlocución simboliza una danza. Se trata de una evidencia de la sensibilidad de la ballena, pero también de una pintura en movimiento que plasma toda la belleza, a veces desapercibida, de un elemental acto de comunicación en un estado de naturaleza. El vigor estetizante también se expresará en los créditos finales cuando la cámara siga el paso de los delfines para ilustrar su larga marcha por el océano como expresión de ese tipo de rituales que acaso significan la existencia de culturas animales, como se vio años atrás en La marcha de los pingüinos (La marche de l'empereur, Luc Jaquet, 2005).

cine-the-cove-obarry.jpgA pesar de las acusaciones de falsedad por parte de funcionarios japoneses y de las omisiones o erratas informativas presentes en el relato (un burócrata de pesca presuntamente despedido por este material aún ocupa su puesto), Operación delfín es un genuino acto de socialización informativa porque descubre las redes políticas y financieras que dan vida a un crimen ambiental que podría propiciar un desastre ecológico y social sin precedentes. El audiovisual hipertecnológico, informativo y denunciante comunica los pormenores de una situación para crear un estado de conciencia. Comunica a su manera un afán de prohibición de la práctica de asesinatos de delfines sin que por ello se culpe a un país entero porque señala con responsabilidad periodística a un puñado de culpables directos. El mérito documental consiste en su capacidad de ser una interpretación de un problema de incomprensión cultural y de corrupción política que provoca una cadena de afectaciones ambientales y humanas. La pasión de un hombre que debió atestiguar lo que para él fue el suicidio de un delfín para corregir su pecado, y que ahora recorre las calles de Japón y las salas de los diplomáticos del medio ambiente con una pantalla que muestra evidencia de los crímenes de Taiji, deriva en una reflexión aleccionadora que ilustra la capacidad del ser humano de corregir los errores propios, pero también, y sobre todo, su incapacidad para comprender que no es la única especie viva en el planeta, y que quizás no es la más dotada de inteligencia ni de madurez emocional al grado de que es la principal destructora del planeta que le permite subsistir.

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Rodrigo Martínez (Ciudad de México, 1982). Es comunicólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha publicado en las revistas Punto de partida, El Universo del Búho, Viento en vela, La revista y Periódico de poesía, y en espacios culturales de los periódicos El Financiero y El Universal. En 2004 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Universitario Agustín Yáñez convocado por la revista Tierra adentro y el Conaculta. Ganó el premio único de cuento del Concurso 35 de Punto de partida (2004). Un año después, recibió el primer lugar en crónica en la siguiente edición del mismo certamen. Es maestrante en comunicación y profesor de asignatura en la FCPyS (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.).