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No. 4/POESÍA

 
Las cenizas de Roberto Bolaño y otros poemas 


Frank Báez
 

                                                                       Las cenizas de Roberto Bolaño

                                                                                                 1


Roberto Bolaño es la nube con forma de poeta, es el humo que se alza de las chimeneas, es la nieve que cae fuera de las heladerías, en las terrazas y los cafés parisinos.

Roberto Bolaño es la niebla que empaña los cristales, es el estruendo de los vagones que retumban en alguna parte, la imagen que nadie divisa desde los espejos retrovisores, es una sombra que se pasea por Chernobyl, el mes de octubre, el periódico que arrastra la brisa por un callejón, las estrellas que se ven desde la azotea.

Roberto Bolaño en un pozo, en el ladrido de un perro, en un bosque que se va incendiando y consumiéndose a sí mismo bajo el firmamento ceniciento.

Roberto Bolaño dentro de las palabras que van saliendo de este poema, en el  cenicero de un bar, en una camisa y unos pantalones tendidos de un cordel de un vecindario de Montevideo, en la ola que rompe, en la música que entra por nuestros pulmones y sale para entrar en los pulmones de los demás; es las luces de Los Angeles vistas desde un avión,  es el caño de agua interminable, es una paloma que caga sobre una estatua, es la hoja seca que cae de los árboles rojos y que el viento arrastra con otras más y es el alba difusa entre los rascacielos, el smog del D.F. y las luces encendidas de un apartamento donde un hombre golpea a una mujer, la sangre y el agua que corre por los desagües, la eternidad de la luz en el polvo, la luz del sol que te busca por calles y calles y todas las calles del planeta y de repente te toca el hombro y tú te volteas un segundo y lo sientes.



                                                                                                 2


Ayer escuché las campanas de una iglesia polaca
y pensé que repicaban por Roberto Bolaño.
Pensé en Homero sentado
bajo un árbol del infierno con cuervos en las ramas
escuchando los poetas que trae Caronte
desde el otro lado de la orilla
y pensé en todos los poetas
que he leído pululando en el infierno
y entré a la iglesia y recé un padrenuestro
por los poetas y por los poetas sin talento
convencido de que Homero se levantó
y le estrechó la mano a Roberto Bolaño
cuando Caronte lo depositó en la orilla
y lo dejó en el infierno extenso
y ardiente como un caldero y éste
asombrado se rascó la cabeza y avanzó.



Ars poética


Tal si fuera un pájaro atrapo el poema.
Lo siento latir en mis manos.
Pero a veces lo aprieto demasiado
y lo destrozo.



En Damen

En Damen hay un bar
donde los empleados se aflojan las corbatas
y beben cervezas junto a muchachas que se roban
los libros de la librería de la esquina.

Sentado ahí escribí un poema
que me gusta mucho.

A la semana volví e intenté
escribir otro poema
sin resultado alguno.

Y es como hace unos días
que vi una puesta de sol en la ciudad
y me dije tengo que escribir un poema.

O el lunes que vi un pájaro chocar
una y otra vez contra el cristal de la oficina
y prometí dedicarle un poema.

O cuando perseguí a la muchacha
que se pinta el cuerpo de naranja
en Michigan Avenue
y ella se dio cuenta y corriendo detrás de ella
le grité tengo que escribir un poema.

Y llego a la mitad de este poema sentado
frente a la bartender que ríe y fuma y los empleados que ríen y fuman y las muchachas que ríen y fuman con sus volúmenes robados de Bataille en las carteras y todos ríen y  fuman pendientes a lo que escribo.

Y a medida que escribo, este poema se va llenando de gente que no conozco, de lectores que nunca he
visto, de lectores europeos, mis lectores chinos, argentinos, árabes… de repente el poema es como un bar donde la gente fuma y grita y la única persona que no pertenece ahí soy yo.

John Keats escribió que no hay nada menos poético que un poeta.
El  poeta no es la poesía, el poeta sólo escribe,
utiliza las palabras, las sube aquí, allá,
las baja, las roza,
al igual que un albañil levanta blocks y empañeta,
ya que el poeta con las palabras construye casas
para los lectores, esos que son unos hipócritas y se van sin pagar y que a veces se meten en la boca una escopeta tan sólo porque les falta lo que hay dentro de un poema, y a los que buscan y sufren y a los desahuciados el poeta les da cobijo en sus poemas,
a melancólicos, a amantes, a putas, a locos,
a policías retirados…
y tan pronto el poeta acaba su casa
ya esta no le pertenece
y se marcha a levantar más casas a otro barrio y a otro pueblo.

Ahora en Damen anochece.
Afuera el  viento juega empujando
los columpios del parque.
Las luces tras las ventanas se encienden.


 


Variaciones acerca de un poema de amor


                                                      1

he tratado de escribir un poema de amor
pero los poemas nunca dicen lo que uno quiere decir
o puede que digan exactamente lo que uno quiere decir
y lo que no sabemos es qué es lo que tratamos de decir


                                                      2

si digo me refiero a ti
pero cuando escribo
ya no me sigo refiriendo a ti
sino más bien a un platónico
que tiene que ver más conmigo
que contigo


                                                      3


cuando Quevedo no lograba escribir
un poema de amor se exasperaba
y se subía en los campanarios de las iglesias
y le arrojaba piedras a los que iban a misa


                                                      4

he escrito poemas de amor durante toda mi vida
y he fracasado
sobre todo he escrito cientos de poemas de amor
cuando no tenía a quién escribirle poemas de amor


                                                      5

las recepcionistas  y las masajistas
se saben de memoria mis poemas

las viejas con quienes juego bingo
lloran con los lentes puestos
recordando mis poemas


                                                      6

los poetas seducían muchachas
y las inmortalizaban en sus versos
sin embargo cuantas Claudias hemos olvidado
cuantas Julietas cuantas Margaritas
cuantas Crisilandias


                                                      7

las muchachas ya no creen en los poemas
y si se acuestan con poetas es porque se han quedado jamonas
o porque los psicoanalistas están caros
y se acuestan con todos los poetas excepto conmigo
esta noche todos los poetas han ligado
y tienen entre sus brazos muchachas desnudas
mientras yo escribo solo en medio
de este cuarto


                                                      8

todos los poemas de amor son irreales
los poemas de amor que el poeta escribe intencionalmente irreales
son los más reales de todos


                                                      9

Lucian Blaga escribió que las palabras
son las lágrimas de los que quisieron llorar
y no pudieron
y esto es todo lo que tengo que decir

 
 


Frank Báez (Santo Domingo, 1978) es editor de la revista virtual de poesía Ping Pong: www.revistapingpong.com. Ha publicado el  libro de poemas: Jarrón y Otros Poemas (Editorial Betania, Madrid,  2004), y el libro de cuentos: Págales tú a los psicoanalistas (Editorial Nacional, Santo Domingo, 2007), ganador del primer lugar del concurso de cuentos de la Feria de Libro de Santo Domingo. Actualmente colabora asiduamente en las  revistas: Global y Hermano Cerdo. Lleva un blog en la siguiente dirección: www.frankinvita.blogspot.com