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CARTOGRAFÍAS / No. 68
Cartografías

Un territorio de sismos y fascismos


Planos para una ciudad que no existe reúne el trabajo de poetas de Hispanoamérica cuya obra es inédita en México. Propone un recorrido por distintas propuestas y voces de esa tradición de tradiciones que es la poesía en castellano. Son los trazos y las líneas de un grupo de mujeres y hombres que construyen el esplendor y las ruinas de uno de los futuros posibles.

Carrasco escribe con erratas, entre la tensión y lo que se desequilibra. Su lenguaje da cuenta del desgaste, es una máquina de comprensión. Su obra usa estrategias de los documentalistas toma la realidad y solo la filma.



Germán Carrasco

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De Todo es filmable*



Verano
Un automóvil estacionado hace veinte años
Para una aprendiz de español
Con una silla de playa se pasea bajo la niebla tras un sol inexistente
Miel: Piel
Los vendedores de paños de cocina
Neruda en la discoteque
Biblioteca pública
Hombres que descargan sacos de harina, sandías o cilindros de gas desde un camión
El hombre de la caja de cartón
El precio de los huesos
Porque tanto depende
Imagen y semejanza
El verde bosque
Verás imborrables erratas
Este colegio era antes un cine (borrador prescindible)
A veces el instante es para uno y no hay que registrar



Verano

Tú en la casa copada, yo en una carpa en el patio
y la sagrada familia sospechándome maricón
tal vez por el hábito —único bien heredado de mi padre de
cruzar las piernas protegiendo el sexo, con un brazo encima
como si fuera a recibir un golpe bajo
                                                 Y aquí estamos:
“quiero llegar tostadita a Santiago”
poniéndote pomadas en el cuerpo,
haciéndote el amor con cuidado de tus quemaduras.
En los pasatiempos veraniegos
la sagrada familia parece absolverme: los triunfos sistemáticos
algo cosechan de resentimiento y respeto. Por mi parte
lavo los platos como un bendito caballero
y fumo el bossanova crepuscular como tu cuerpo
mirando el bikini gotear en el cordel.



Un automóvil estacionado hace veinte años

Inmóvil y visible como una gran desgracia
Neruda



Voy en el auto de un amigo que se estaciona en el centro y me cuenta que alguien dejó un auto abandonado hace veinte años en este estacionamiento. No existe una necesidad real de sacarlo porque siempre hay espacio para otros autos o porque no se han molestado en gastar en una camioneta con grúa, pero además hay que hacer un trámite legal y dar aviso a los dueños que desaparecieron sin dejar rastro. De las personas que están a cargo de ese estacionamiento en forma de edificio de caracol en pleno centro de Santiago, todos ponen caras raras cuando uno les pregunta por el auto. Hasta que finalmente y con algo de maña uno les puede sacar cierta información: dicen que se fueron del país, dicen que ese auto tiene una historia trágica, otro dice que no, que todo lo contrario, que la dueña de ese auto se enamoró de un extranjero y la cosa fue tan fulminante que se mandó cambiar a Europa sin que le importara nada. Ni un par de calzones extra dicen que se llevó, me cuenta el cuidador haciéndose el vivo. Uno no sabe, dice otro, quizás huyeron por deudas o por amor o algo así. Los escucho y trato de sacarles un apellido, pero no me quieren dar el nombre de la dueña del auto. Pienso por un momento en llamar y preguntarle a una conocida poeta y policía de la pdi qué puedo hacer, tal vez ella pueda recomendarme cómo conseguir el nombre y saber cuál de las historias que cuentan los encargados del estacionamiento es cierta. Por superstición, nadie ha querido tocar ese auto supuestamente cargado, y por eso está cubierto de polvo. El único que debe haberlo tocado en años debo haber sido yo. Con un pañuelo desechable limpié un poco la ventana para ver qué había adentro, tratar de imaginar qué recuerdos tan especiales eran los que habitaban fantasmales los asientos de ese auto, qué paseos fuera de Santiago con la esposa o la familia y el cooler color naranja con sándwiches, cocacolas y cervezas frías que tomaron en algún lugar en las afueras junto al aire limpio, arrebatador y afrodisíaco de la natura, qué traslados al hospital o la clínica con la mujer gritando las alegrías de las contracciones, qué encuentros sexuales del hijo o la hija tuvieron lugar ahí. Llamo a un amigo fotógrafo para que haga un registro de este auto con esa cámara fotográfica que parece un bazooka. No lo encuentro. Quizás el auto es una instalación. O quizás alguien hizo todo este montaje para medir las reacciones de la gente que se queda mirando este auto como si fuera propio, como yo. Miro alrededor por si hay alguna cámara escondida. Yo no manejo, pero le digo a mi amigo que se detenga porque quiero bajarme y contemplar otra vez.



Para una aprendiz de español

Sonidos que raspan la garganta como ciertos sabores,
ruidos en la rugiente Babel, ritmo y rareza de una lengua
cuyo ronco raspar fricando alveolos Retumba
cierta rudeza o rugir de raza rara, erres
tribales, endogámicas, difíciles, lo último de aprender
en una lengua como el lenguaje refinado de la poesía
o un rasposo blues, si prefieres: delirario:
                                                 diario
de lirios y delirios del guerrero
en el chisporroteo del remolino

Mas ya que el desorden, como el de tu pelo sin ir más lejos,
es un orden dinámico, por ahí hemos de empezar: di rosa,
una rosa es una rosa, etc.



Con una silla de playa se pasea bajo la niebla tras un sol inexistente

con una silla de playa —va a Sevilla a ver los toros se pasea intercomunal
bajo un cielo color escupitajo, en búsqueda de un sol
que no ve nadie
                                                                                  sino él:
                                                                                  un enigma
los lugares escogidos
porque, barbilla en mano, inspecciona
y medita antes de instalarse a leer o escuchar la radio a pilas
que lo hace estallar a carcajadas;
ahí, vi a tu novio llorar en una plaza, como los que andan de terno
y no encuentran trabajo y lloran en las plazas y fuman en las
plazas; hay algunos incluso que hasta se meten a la iglesia y tocan
el medallón de santa rita de casia: patrona de lo imposible
cruza canchas llenas de cabros chicos jugando a la pelota cruza la ciudad
y los cruces ferroviarios y las encrucijadas
                                    con una silla de playa tras el sol



Miel: Piel

era un remate en una casa antigua
o un velorio, da lo mismo,
lo digo por la manera en que llegaban
los compradores de bienes de embargo, o los deudos
que disputaban las migajas; un recital de poesía,
un matrimonio pobre,
silencioso, o prudente si prefieres;
eran católicos, quizá, y ella era virgen
y quizá pensaron toda la noche en el abrigo
de miel: piel
mutua y ofrecida.



Los vendedores de paños de cocina

Los vendedores de paños de cocina han invadido la ciudad
y tienen el monopolio amoroso de madres, parientes y amigos.

Los de sexo masculino se acostaron con nuestras novias
y nosotros hicimos otro tanto con las bellas vendedoras.

Es por eso y no por la resaca o la marihuana como crees
que Julián se queda absorto al secar un plato o afilar un cuchillo.

Los vendedores de paños de cocina irrumpen en la tarde:
somos nosotros, los primos, hermanos, los tiempos.

—¿Buenas tardes, se encontrará la dueña de casa?
Piensas en trucos de supervivencia, en la invasión 

y en el diseño de paños que se llevan los vestigios de la mesa.
Los vendedores de paños de cocina han invadido la ciudad,

cortan la parte no roída de manteles y ropavejerías;
estropajos para tardes cesantes sin platos que lavar,

hurgan en cuartos de trastos y recuerdos.
Observan en el mercado de Av. Independencia

el brillo en los ojos de las mujeres al mirar las telas
que imaginan vestidos para un verano o una gala.



Neruda en la discoteque

Cuando Neruda entró a la discoteque vacía
vio la esfera espejeante, icono de la música disco
fascinado como un bárbaro ante el imperio.
Se las arregló para que el administrador del local la bajara
y para poder de esa manera observarla de cerca.
Descubrió que estaba compuesta de pequeños espejos,
pensó en globos terráqueos y, reflejándose
se vio abarcando el mundo entero.
Quiso saber cómo operaba aquel ingenio
para lo cual asistió a la discoteque de noche.
....................................................................
Pensó que se trataba de una fiesta de disfraces
en donde se pretendía emular a Sodoma y Gomorra,
pensó que era una fiesta gay & lesbian.
Los disfraces eran bastante más osados
que aquellos de las veladas de Isla Negra.
Luego rechazó esa idea: quizás la gente bebía y bailaba
en un rito de adoración a Baco
o al Mundo (representado por la esfera de espejos

que colgaba, extraña lámpara en el cielo).

El espacio que se necesita para bailar
es el número de tu calzado, ambos pies.
Además, Chile es un país sísmico:
si bailas no sentirás el terremoto
que —no te preocupes no es otra cosa
que un plagio de hacer el amor,
un catre que quiere arrancar como una nave.

Un poeta está por las cosas, no contra ellas

—Neruda no tenía ni que pensarlo—;
comprende y canta los fenómenos más raros,
lo freak y lo queer son su materia
—ya empezaba a hablar como los jóvenes del lugar
o, si se quiere, a adueñarse del lenguaje—
traza un puente entre generaciones y culturas,
es, final y simplemente, UN HOMBRE LIBRE

Y canta:
                      Tra la la la la
pero también:
                      La tra tra tra tra

La discoteque estaba en Moscú, Ceilán o Santiago,
Neruda intentaba comprender aquella música,
recordó haber comprado el single Mr. Postman en Londres
y haberlo obsequiado a su joven cartero. Pero esto era distinto:
pulsiones de neutral marcapasos o callejeo tecnológico.

Neruda bebía en la barra, observaba,
pensaba en tatuajes de hombres de mar,
en tribus, en extravagantes homosexuales europeos,
en mascarones cuyos senos generosos
parecían agitarse bajo la tormenta tal los senos
de estas bacantes en el desenfreno de la danza.
Pensaba en carnavales, en tribus, en aborígenes
que usaban aros en lugares impensables,
en pájaros exóticos similares a algunas personas de ese lugar.
Pensaba en “El Viajero” de Baudelaire.
Como con destello de abalorios, la bola giraba.
Neruda no pudo resistir la tentación
y se las arregló para conseguir una de esas esferas
y la puso entre otros mundos y globos terráqueos
en su colección de planetas locos de Isla Negra.



Biblioteca pública

cada vez que empezaba a leer poesía
mi cuerpo comenzaba a agigantarse
y mi oído percibía las voces ajenas
como si fueran de marcianos, duendes
o el producto de una cinta acelerada.
entonces sentía una culpa tremenda
y pensaba que para leer poesía
había que irse lejos o encerrarse
por lo cual me cortaba las venas
con una navaja que porto, y entonces
(1) me desinflaba como un globo
o (2) inundaba la biblioteca de sangre.



Hombres que descargan sacos de harina, sandías o cilindros de gas desde un camión

quién se acuerda de esos hombres
que descargaban sacos de harina
bajo la niebla o la insidia del sol?
en mi infancia los miraba estupefacto.
pensaba que eran árabes o algo así
por el saco blanco que se ponían en la cabeza.
eran como fantasmas cubiertos de harina.

hacían su trabajo a pasos cortos
para no perder el equilibro. rapidito.

o esas cuadrillas que descargaban sandías
o damajuanas de vino desde un camión.
se las aventaban y ninguna se caía.

yo esperaba que alguna reventara: un cráneo
para refrescar la acera con sangre.
y hasta el sonido del impacto imaginaba,
la onomatopeya que trizaría la tarde.

ahora pienso en las columnas vertebrales
de esos hombres y en el trabajo en equipo.
entonces sólo los miraba. me parecían
ánimas de día claro. extraterrestres
que hacían rápido su trabajo
y luego desaparecían en su nave.



El hombre de la caja de cartón

hay un joven sudoroso
que llega a los recitales de poesía
foros de cine, charlas, conferencias
con una enorme caja de cartón
desde la cual saca apuntes libros
lápices recortes y hasta un sándwich.
sí debe ser pobre pero cómo
no va a tener para una mochila
un saco una bolsa de plástico por último
un palo de escoba con un paño atado
en un extremo
sería más cómodo que esa caja.
siempre lo veo en la biblioteca.
recuerdo que en uno de esos foros
hizo una observación, pertinente
hablaba ahí entre estudiantes de letras.
esos espíritus libres y abiertos
hacían la vista gorda o no veían
la famosa caja que para ser sincero
me ponía bastante nervioso.
luego terminaba la sesión
y él se retiraba con su caja.



El precio de los huesos

Cuando el reloj
Marca las tres
Los esqueletos
Toman el té


Las calaveras no son para jugar fútbol
pero siempre hay quien lo olvida: todos
los elegíacos son unos canallas y las calaveras
no son para jugar fútbol
aunque una vez lo hiciéramos
en el Liceo Gabriela Mistral de Independencia.
El sector de las fosas comunes del Cementerio General
está muy cerca del liceo y alguien una vez
se robó un cráneo de ahí, para jugar
—expulsado el gestor del juego, suspendidos
por tres días los que se involucraron—
Eso fue antes que los estudiantes
de medicina con su sobredemanda
aumentaran drásticamente el precio,
lo que terminaría por vaciar las fosas
otrora llenas de cráneos.
Recuerdo haber visto una vez
un cráneo con trenzas, huesos en zapatos
o zapatitos, cosas así.
O quizás antes de que los sepultureros
se dieran cuenta del negocio.
Esos eran cráneos de gente que no había pagado sus nichos;
¿Por qué lo hicimos, eso de jugar fútbol?
¿Para restarle valor a la muerte?
Una profesora entonces dijo que el fútbol
consistía, en el fondo, en patear el cráneo del enemigo
y de la muerte saltó a su tema: el sexo —única forma
de mantener la atención de cuarenta y cinco delincuentes
en potencia—.
Era rubia, nerviosa, con algo de garza, muy sexy.
Nos mantenía a todos concentrados
en su belleza, sus palabras y un cigarrillo que todos miraban
esperando que cayera la larga ceniza, lo que nunca ocurría.
(siempre sospeché un truco, un alambre o alfiler, algo así).
Claro, todos sabían que Tai Pei y Nueva Quillahue
estaban y están sembradas de huesos.
Pero nosotros, inconscientes,
jugábamos fútbol con un cráneo.



Porque tanto depende

planchen esta camisa con cariño
porque tanto depende


Esta leñadora tan Cobain tan Carver
tan americana, aunque hecha en oriente
por un hermoso Mao Tse Tung menor de edad.

Esta camisa –tartan– con pretensiones de frazada
hizo un largo viaje desde Fu Cheng
hasta el sano y rozagante cuerpo
de un adolescente del Midwest o Seattle
y de ahí a unas dependencias mormonas
en donde la empaquetaron y enviaron
a tiendas de ropa usada en Sudamérica.
donde la compraste.

Luego viajó de vuelta a eua
cuando fuiste, aunque no al mismo estado
a continuar tus estudios, pata
(para que en tu Lima natal luego le dieran el trabajo
a los que apenas habían terminado la secundaria,
pero provenían de sectores que dan garantía
buenos apellidos buenas escuelas todo eso)
y luego de vuelta a Sudamérica, la camisa
que luego uso tu hermano menor y luego
el hijo del portero y así hasta convertirse
en este paño con el que ustedes sacan lustre
a los zapatos para presentarse,
curricula bajo el brazo y bien peinados
a una cola más larga y monótona que La Araucana
o que un siglo de inviernos en Santiago
o en alguna de nuestras ciudades o países
que creemos distintas a las ciudades vecinas
que vemos como espejos rotos de la nuestra.

Con ese trapo, por hacer algo, pulen copas
–trofeos de un club que no existe–
de una feria de segunda. Decimos
para consolarnos: todo es vintage.
Bajo el cielo color gargajo
en un domingo de emisora AM.
Tiempo muerto de gente no inserta,
melancolía de perdedores rematados.

Esa podría ser la trayectoria de un texto
pero tú insistes en la famosa camisa,
que si hubo tal cosa que no importa te insisto
que cuantas veces te tengo que explicar
lo que importa es el movimiento te digo
mientras la camisa gotea en un cordel
como exhausta bandera de rendición


 
Imagen y semejanza

Eres a los dos años una rama de aloe turgente
portadora de un preciado bálsamo o panacea
y dan ganas, aloe, de comerte, como comprenderás
más tarde en el milagro del sexo.

¿Qué es eso de arrancarle el corazón a un bebe
y todas esas pendejadas que escribe Isidore Ducasse?

Pero me llamo Abraham y Dios me pide que te sacrifique.
Le digo que no que se vaya a la chingada.
Tenemos que hacer algo.

En la desesperación que hace trabajar a la memoria
como debería trabajar todos los días
recuerdo que alguien me dijo alguna vez que Dios
tiene una mancha de humor vítreo en un ojo

por eso a veces hay países que no ve
y en esos países pasan cosas maravillosas.

Podemos entonces huir a esos territorios
desplazándonos bajo esa mancha
en donde Dios no nos ve
Me las arreglaré como sea para viajar a esos sitios
a donde se desplaza la concentrada mancha
de humor vítreo en el ojo de Dios.
A veces eso sí, te aviso tendremos
que hacer las valijas de prisa
y partir corriendo al aeropuerto



El verde bosque

Bueno, ella fue la que se dio cuenta, entiendes
porque era de familia de banqueros,
ella fue la primera en darse cuenta.
                                       —¿Cómo se llamaba la mina?
Da lo mismo, cualquier apellido caricaturizaría lo que te cuento
y lo convertiría en una historia maniquea tipo telenovela chilena
así que demos sólo su nombre A, por ejemplo, ella se llamaba A
como ese libro de poemas gordo ese que tienes ahí encima.
Bueno, el hecho es que eran los años noventa
y en algún momento transfirieron las deudas universitarias a los bancos,
o sea, antes se le debía al Estado y se podía pagar de manera racional
pero ahora eran los bancos los que se hacían cargo de las deudas universitarias,
estudiar fue desde entonces como comprarse un televisor.


                                                              —¿Tú tienes TV en tu casa?
Sí, pero sólo veo películas en un DVD y de un disco extraíble
Y desde el PC, pero conectado al led, pero hay que hacer algunos malabares
porque la conexión es medio lenta.
Le conecto el cable del computador a la tele y ahí puedo ver algunas cosas,
pero tele abierta no veo. Tampoco es que me enorgullezca de no ver TV,
es sólo que no lo hago.


Te decía que ella, A se dio cuenta antes de que hicieran el traspaso de deudas
un día antes o el mismo día en que, durante el primer gobierno de la transición
calladitos hicieran ese trámite. Y fue ella la que, por suerte, se dio cuenta
y convocó de inmediato a un asamblea a la que asistieron
todos los grupos universitarios, partidos, tribus y tendencias.


Ella tenía un acento de clase alta muy marcado y ropas y aire genuinamente señorial
pero habían estudiantes que comían como cinco de un mismo plato.
                                       -—¿La dura?
y de alguna manera eso se notaba demasiado
de manera que nadie podía hacerse el loco
hasta que una palomita blanca dijo “pero tú, A, no puedes hablar de no sé qué cosa
porque no conoces ni siquiera el centro del a ciudad”. Entonces A se indignó
y ahí sí que le salió voz de dueña de todo y le recordó a todo el mundo
que había sido ella la que había descubierto el dedo
que nos querían meter a todos por el culo, lo explicó con claridad,
cifras y un data o algo tecnológico que en esos tiempos nadie tenía.
Y le explicó a la chica de la pregunta que varios edificios del centro
pertenecían o habían sido diseñados por sus abuelos o bisabuelos.
Eso pasaba con frecuencia en los años noventa.

Recuerdo que uno de los alumnos trabajaba de barman y mozo de noche
y luego dormía en los pastos de la facultad con un reloj despertador
de esos con dos campanas enormes arriba re divertidos, dos campanas
que se parecen a las orejas del ratón Mickey. Y sonaban súper fuerte
para despertarlo cuando tenía que ir a clases entre recreos. Cuando eso sonaba
los demás se cagaban de la risa, pero no era divertido
ahora que lo pienso bien, porque se despertaba exhausto y despeinado
a lavarse la cara y entrar a clases. También
había gente que llegaba en unos autos muy nuevos o con botas
de polo manchadas de barro, gente de la oligarquía.
Una vez hubo una discusión política fuerte
y unos chicos que eran del MIR de una población marginal
le recriminaban algo a unos chicos
que habían llegado con autos y ropas italianas,
que compañeros por favor tuvieran un mínimo de prudencia
porque otros compañeros pedaleaban toda la ciudad para llegar.
    —Pero, ¿dónde se duchaban luego de pedalear tanto?
En los baños de la facultad, que eran un asco.
Porque en los años noventa la Facultad de Filosofía
era una especie de bar y aguantadero, entre otras cosas.
Llegaban todos transpirados a clases.
Bueno, y estos niños del MIR de pobla también les pidieron a los de los autos
que se sumaran a una movilización. Entonces los de los autos y ropa linda
se sintieron atacados, no habían hablado hasta el momento
hasta que dijeron que sus padres eran los fundadores del MIR
y que en Europa desde que ellos fueron niños tenían como tíos
a toda la cúpula no solo del MIR sino de toda la izquierda chilena
y hasta ahí llegaba la cosa porque se producía una situación muy incómoda.
Hablaban alemán o sueco o francés o inglés sin ningún acento
y andaban con muchos libros y discos, cosas nuevas y fascinantes
que traían frescas de Europa. Entonces uno distinguía entre dos tipos
de chicas: las que sucumbían de inmediato a los regalitos
y las que no y a las primeras de alguna manera se las rechazaba, en silencio.
Una cosa hacían todos eso sí
y era beber y tomar ácido y huevadas hasta reventarse,
eso sí que lo hacía todo el mundo
escuchando los discos de Grunge y Trip Hop en aquel tiempo
que traían los exiliados desde Estados Unidos y Europa.



Verás imborrables erratas

En un territorio sísmico
sólo es posible
escribir con erratas,
pintar con pinceles sucios,
filmar agramaticalmente
y en formatos antiguos
u obsoletos.
Quién dijo: Better
a few mistakes
than fucking boredom?
Un artículo
sobre Gambarotta, quizás
Cucurto en Berlín o un artículo
en Bomb sobre B & F,
tal vez el discurso
de recepción del Nobel
de Neruda en Estocolmo,
algo así. Miguel Abuelo,
Raeworth,
no recuerdo.
Buscaré en la web.



Este colegio era antes un cine (borrador prescindible)

Marcas de bala en el cemento
en la Moneda y edificios aledaños,
pero todos hacían la vista gorda.

Como niño, te llama la atención.

Los turistas les sacaban fotos
y por eso se decidió borrarlas.

Deberían haber quedado
tal cual estaban, creo yo
al igual los edificios construidos
por usura
que no aguantaron el terremoto del 2012.

Los usaríamos como museos del desastre,

ayuda memorias de la impermanencia,

únicas instalaciones de arte posible
como edificios bombardeados en medio oriente.

Más baratas que un museo
y situadas en plena vía pública.

En un territorio de sismos y fascismos
hay que pensar siempre en la inminencia
de una catástrofe.



A veces el instante es para uno y no hay que registrar

Como europeo ante el canto de una india
o cubano en un supermercado
en estado de completa alucinación
o ese niño del pueblito más recóndito
cuyo único espectáculo es ver
el compresor del camión de la basura
el primer camión de basura con compresor
que había llegado al pueblo
y que apisonaba el material con planos rusos y morosos—
quizás así deberíamos ver el mundo
porque Dios no hace nunca dos cosas iguales.
y por eso filmar o escribir cualquier ítem de la realidad
es suficiente, a veces. Más que suficiente.
El lenguaje tiene que conquistarse
y no conquistar.

El poema avanza
sólo          solo
hacia adentro.

Mira, ese brillo en tus ojos y semi sonrisa
indican que viste algo, deja que empoce,
no lo escribas: era para ti, un regalo.
No todo es filmable.


De Mantra de remos


*Todo es filmable, Vox, Buenos Aires, 2014.
 


Germán Carrasco (Santiago, 1971) es un poeta chileno, perteneciente a la llamada Generación del 90, premiado y reconocido nacional e internacionalmente. Realizó estudios de Humanidades en la Universidad de Chile. Cuando la Fundación Pablo Neruda lo premió con la condecoración homónima a la trayectoria (menores de 40 años), fundamentó su decisión en los siguientes términos: [dado que es] “protagonista de un nuevo grupo generacional que da testimonio de una estética urbana, histórica, política y social, marcada por un vislumbre experimental y un lenguaje propio de los años ‘90”.

Actualmente, además de su oficio escritural en poesía, es traductor, imparte talleres literarios y es columnista de medios de comunicación. Se encuentra radicado en Santiago de Chile.