Números anteriores

CARTOGRAFÍAS / No. 68
De Mantra de remos*
Idioma del mantra de los remos
Atacama
Un niño escucha en el Nat Geo que los pájaros descienden de los dinosaurios
Francisco Ide arriesgó la cabeza
Francisco Ide liberó al agua
Cineraria
[EL ASUNTO ERA QUE ELLA JUNTABA COSAS]
Otra reflexión sobre el terremoto y el tsunami (desgrabada letra por letra de una charla en un taller)
Me sale una cosa súper rara de la cabeza




Idioma del mantra de los remos

Hijo enseña a mirar a padre, 
le refresca la gramática. 
Piensa en su sino de cronistas 
y en el sentido del retrato.

El niño es el padre del hombre. 
Hijo descubre a padre: reza. 
Lo que sigue son las palabras 
del raro rezo de pa:



No es por mostrar mis credenciales 
ni hacer lobby contigo. Imagino 
que no estarás para pavoneos 
o corvetas lingüísticas 
así que me permito declarar.

Como te decía, desciendo de gente 
que hablaba sola y miraba al suelo 
pero fui parido al ritmo del rock 
& roll por padres jóvenes.

No infecté al mundo con prensa.
A veces sin querer pasé a llevar 
a alguien por ahí, y dije barbaridades 
pero era joven entonces.

Gasté poco petróleo plata agua, 
caminé largo y me soñé en la pesca 
en Magallanes, o en la esquila 
cuya lana abriga el frío de la culpa.

Jamás me afilié a un grupo 
de repartición —tan jóvenes y ya en eso—.
Leí a los vecinos para salir de la isla: 
no basta con hablar otro dialecto

sino sentir el mantra de los remos 
sin despreciar la palabra local 
ni despreciar a hermanos mayores 
ni ignorar a hermanos menores.

Aprendí algo y traté de transmitirlo

en esta Babel, transaccional,
Babel no por políglota
sino por la severa incomunicación.

Nací, en el mejor de los casos, 
en un país femenino y receptivo 
y en el peor un país de gendarmes 
e inspectores de escuela.

Trataré de no errar, de abrir el cuore
y de hacer todo lo que pueda 
pero considera todo esto 
y mi educación de liceo fiscal

si llegase a resbalar, que es muy probable, 
si llegase a perder el ritmo, 
si luego de un tramo largo se me resbala 
un remo y cae al agua, ponte tú.



Atacama

El gris inmenso del desierto 
ocupa todo el plano.

Toda la soledad del planeta 
o un territorio extraterrestre.

Aparece lentamente en cuadro 
una escolar hermosa

con una blusa impecable 
y mirada limpia.

Lleva, a modo de bandeja, 
una maqueta de la vía láctea.



Un niño escucha en el Nat Geo que los pájaros descienden de los dinosaurios

Keats dice pájaro inmortal.

Un niño escucha en el Nat Geo 
que los pájaros son dinosaurios.
Al escuchar eso, se queda 
abstraído e inmóvil

pero con rostro inteligente, 
no como estudiante de humanidades 
ante cualquier oferta teórica,
Derrida o Foucault da lo mismo.

Luego, ese niño mira 
las patas de un pájaro 
y las imagina amplificadas 
como si fueran las patas 
de Godzilla.

Cuando los románticos ingleses 
hablan de canto inmemorial 
—eterno, infinito, etc.— 
coinciden con el niño 
y con el científico que afirmó 
la relación entre dinosaurios y pájaros 
en Nat Geo.

Por ejemplo, uno escucha en el canto del chincol 
—ese ruiseñor proletario—
del chercán (wren) 
el eco de una era prehumana.

NO SE TRATA ENTONCES
DE UNA FIGURA LITERARIA
,
lo que escuchamos es en efecto
un canto que proviene de tiempos 
inmemoriales.

Sospecho que cantan
porque ven la inminencia
de olas de sangre, venas 
como autopistas.

El canto de los pájaros 
se escucha
desde la época de los dinosaurios: 
habla de peligros, combates, 
galanteos y alarmas 
y eso era lo que llamaba la atención 
de los románticos ingleses, del científico y del niño.



Francisco Ide arriesgó la cabeza

Mató a 7 de un golpe.


¿Somos cabezas?

Ja, ja, ja ¡somos cabezas!

Es una de las imágenes más aterradoras 
ver una cabeza que flota en una sala vacía 
pensando que está viva.

Gustavo Barrera Calderón


Sacabas
la lengua 
por la ventana 
del tren 
que iba
a toda velocidad 
para saber 
cuál era
el sabor de la noche 
o para saborear 
el caldo de la noche 
como dice 
Formoso

o más bien 
para soñarte 
SIN CABEZA.



Francisco Ide liberó al agua

Fuimos a caminar 
por el fin del mundo

en Magallanes 
donde el mundo 
se deshace,

donde la cornisa esta 
en que vivimos —te aviso
por si se te olvidas—
 
se deshace.

Un riesgo.

Por poco 
y perdemos 
la pista del auto.

Oscurecía.

Quizás Magallanes no perdona 
la falta de brújula

o la promueve, no lo sé.

El agua de un charco 
estaba prisionera 
bajo una lámina de hielo

¡y Francisco Ide
la liberó con una rama!



Cineraria

Ella amaba el cine, los archivos, 
las prótesis de la memoria.
Con la excusa de que el país es sísmico 
sostenía que en vez de crear 
había que reconstruir: parchar 
y conservar fotos. ¡Perfecto!
¡Hasta las trizas de un jarrón barato 
sería un rompecabezas zen!

Le interesaba cómo filmaron 
o hicieron crítica y poesía 
los primeros, los de antes: 
a pulso pelado, a poto y pata pelá
cual boxeadores de los años treinta 
sin desayuno, que bebían 
—a cambio de acarrear animales faenados— 
sangre de reses cual vampiros.

Así intentaba enseñarme 
a atesorar todas las cosas 
porque yo andaba con la macana 
de andar liviano, deshacerme, 
el arte de perder y esas giladas.
Lo suyo me esperanzaba.
Había un aire de proyección en eso 
si se considera que estábamos 
pasaditos del mezzo del cammin.

Para alguien que quiere vivir 
liviano como yo, peso mosquito, 
ella tenía mal de Diógenes: 
cartas de su nonna, el proceso 
de filmación de algunas películas, 
radios y cámaras fotográficas 
de su gente bajada de barcos, 
borradores de guiones, tesoritos 
absurdos del persa Biobío 
—oye: ya pues, vuelve pronto 
de no sé qué bendito festival 
lleno de alemanes feos como el diablo 
pero con Ph. D., y otra gente
que me provoca un celo genuino:
¿qué hace Isaki Lacuesta
para retratar de esa manera a las mujeres?
¿Se enamora de ellas y ellas de él 
como parte del proceso de filmación?
Y así con los cachureítos o tesoros: 
pruebas de alumnas talentosas
o chifladas de patio, documentos 
y la manuscrita de sus poetas preferidos 
en cajas italianas, cofrecitos.

Y así debería ser, y si así yo hubiera procedido 
conservaría aún un par de primeras ediciones 
de Penguin, Faber o Nascimento
o mi foto con un auto a pedales 
—loco desde chico— en plena avenida 
llena de autos a motor bocineándome.
Pero no queríamos ser diseccionados, 
escarabajos atravesados por alfileres.
Yo quería puro presente,
pura contru de memorias venideras.



EL ASUNTO ERA QUE ELLA JUNTABA COSAS;
y yo en cambio me deshacía de todo 
y pretendía andar 
casi en pelota por la vida

cinerario: 
sin
erario,
diría algún jugador de palabritas.
Sin herencia.
Sin niuno.

Como calas, azaleas y rudas 
la cineraria también tiene propiedades 
que se ocupan en el tratamiento 
de las cataratas:

nuevamente la visión, 
el cinematógrafo, 
las cenizas.



Otra reflexión sobre el terremoto y el tsunami
(desgrabada letra por letra de una charla en un taller)

El poema largo es una torre de naipes
en donde no importa que algunas cartas estén reparadas con cinta adhesiva
o viejas. Si se sostiene en pie, todo bien,
difícil tarea sin embargo. La lección poundiana
de la tensión y la concentración de energía
corre igual para poemas breves o extensos,
tenues o acerados
y se nos olvida a casi todos.
¿Querría algo así como un estallido, orgasmo 
una especiede KO verbal el viejo?
¿O el poema dado del que hablaba Levertov?

Poema dado por quién: por Dios, 
por quién más si no. Casi todos terminan ahí 
o en una conjunción parecida al amor 
en sus tres primeros meses que a todo esto 
se parecen bastante a una torre de naipes 
por el cuidado o el azar o lo frágil.

Energía y no fuerza, claro está 
meditación y cacería, todos sabemos 
excepto a la hora de los quiubos.

En un poema breve no puede haber cinta adhesiva
y las arrugas en una carta delatan de inmediato la jugada.
pero quizás un poema extenso son poemas breves en pandilla
igual de efectivos en su invasión de ninjas
aunque reunidos con pegamento, moco a veces
—la prosa que sobra, los dispositivos transicionales
y todas esas arrugas y parches que, como en el póker
o en la ropa para la reunión importante,
no deben notarse—. Ese pegamento
a veces es temático y a veces otra cosa,
otro clúster de cosas que desembocan muchas veces
en el preciado silencio
mejor será
siempre, amén.

Kim Deal decía que si uno escribe canciones 
es fácil hacerlo, el asunto 
es componer algo que sientas
y que quieras interpretar ad infinitum 
con el mismo entusiasmo del momento 
de la composición.

Pero, qué tanto, hasta la nota circunstancial 
o el garabateo de libreta a veces 
cumplen el requisito del poema. Hoy escuché 
en el metro por ejemplo...



Me sale una cosa súper rara de la cabeza

Todo bien por esos tiempos
cumplía resistía ganaba
pero durante la noche
por un orificio de mi cabeza
me salía un líquido espeso
como petróleo usado
como tinta de cartucho no original
y tenía un olor mareador
no especialmente desagradable
pero extraño.

Cerraba el baño con llave.
Abrazaba el wáter o el lavabo 
y dejaba que empezara 
la gotera luego el chorro luego 
tiraba la cadena o daba el grifo, 
me bañaba y quedaba 
sereno, con sueño, renovado.

Me acuerdo ahora y pienso
qué habría pasado si en ese trámite
me hubiera encontrado el terremoto.

Quizás habría salido con la cara 
como la de una modelo llorona 
o la de un soldado carapintada 
del tiempo de mi adolescencia; 
habría salido, sereno, claro está, 
pero con la cara y la camisa 
como dálmatas.

Oye qué tienes en el rostro.
Y qué habría respondido yo.
 
Habrá pasado cosa de un año 
desde que me pasaba eso. Nunca 
antes lo había contado. 



*Mantra de remos, Alquimia ediciones, Santiago, 2015.