Números anteriores

NAGARA / No. 51


 

Nagara

 
 

 

Gabriel Grun o la ironía

1.
El artista cumple sus fantasías: se convierte en una figura de acción: G. I. Joe o Wolverine. Más que buscar una etiqueta académica: el postfigurativismo, el neoclasisismodelaprimeramitaddesiglo, ser una de las imágenes de la publicidad y del mercado, ese paraíso sin dioses y sin expulsión. Incluir en el retrato a Durero y a Juan O’Gorman pero situarlos frente a una pared de ladrillo: convertirlos en personajes de stand up comedy.


Autorretrato con muñeco de mí mismo, Gabriel Grun



2.
Éste es el momento de hacer segundas partes. Veintiún siglos después intentar Las metamorfosis, la caída de los elegidos. Para esto habría que cambiarse el nombre a Ovidio Posada e incorporar algunos de los hechos históricos y artísticos más recientes: desde el cristianismo y el surgimiento de cientos de imperios (La divina comedia, el Paraíso perdido, las guerras santas, Roma, París, Londres, Nueva York) hasta el neoliberalismo (El Capital, las teorías del colonialismo y un catálogo detallado de las vanguardias y sus contrarreformas). Convertirse en una especie de Pierre Menard cibernético, un artista que domine y difumine los estilos y las escuelas, un hombre capaz de actualizar la mitología y combinarla. Reavivar la obra (evitando los remakes de Hollywood) si el mito de Dafne y el laurel ya resienten su antigüedad, crear una nueva Dafne que se convierta en Queso Gruyere.


Metamorfosis en queso gruyere, Gabriel Grun


Como esta obra tenderá hilos con las más recientes tendencias sin perder la elegancia del pasado (elegancia que tiene que ver con aquellos altos versos del Mío Cid llorón o de la candidez de los párrafos de Sade) se incluirá alguno de los preceptos del Dogma. “El sonido no puede ser mezclado separadamente de las imágenes o viceversa (la música no debe ser usada, a menos que esta sea grabada en el mismo lugar donde la escena está siendo rodada.” (Lo anterior se lee en el Voto de castidad). Como esto no es una película, pero pretende serlo, cuando se exponga el siguiente cuadro —y otros parecidos— se colocará un corral con el animal o máquina correspondiente: si la violación se lleva a cabo por un cisne, tener una parvada de cisnes hambrientos, si se realiza por robots tener por lo menos una centena, esto con el único objetivo de reproducir los sonidos correspondientes a la escena representada: 


Leda, Gabriel Grun


No se piense, como algunos aseguran, que el sexo es lo único que aparece en el cerebro del artista. No descuida las proporciones, la perspectiva y el canon.


Sátiro, Gabriel Grun




3.
Mezclar las anteriores alusiones al poder (el rapto, la obtención de placer y dominación a través del sexo) con las mayores pesadillas del género Gore. Aquí aparece de nuevo el italiano Dante (sobre todo el Canto XXV del Infierno donde los hombres intercambian sus formas con las serpientes) uniendo sus pesadillas a las de Tom Six, director de esa pieza llamada The Human Centipede.


La pequeña aracné, Gabriel Grun




4.
El artista retrata aquellos cuerpos distintos, aquellos cambios naturales, aquellas fantasías animadas de los filósofos. Traza no sólo sus fantasías dentro de la actual sociedad (¿quién no ha soñado con ser una estrella de serie televisiva y tener su propia línea de muñecos?) sino de esa cuerda, la imaginación humana, que nos suelta y nos constriñe. Representa las utopías que niegan y engrandecen al ser humano, sus temores, sus deseos que se esparcen como hilos en la oscuridad.

Hermafrodia, Gabriel Grun




Otros sitios sobre la obra de Grun:

Empty Kingdom
Juxtapoz

 

Jorge Posada (San Luis Potosí, 1980). Es autor de Costa sin mar (UAM, 2012), Adiós a Croacia (Zindo & Gafuri, 2012) y La belleza son los aeropuertos vacíos (Liliputienses, 2013) y miembro del colectivo de arte Los KFGC. Tiene el blog <http://costasinmar.blogspot.com>