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CARTOGRAFÍAS / No. 51


 

Cartografías

Swing


Planos para una ciudad que no existe reúne el trabajo de poetas de Hispanoamérica cuya obra es inédita en México. Propone un recorrido por distintas propuestas y voces de esa tradición de tradiciones que es la poesía en castellano. Son los trazos y las líneas de un grupo de mujeres y hombres que construyen el esplendor y las ruinas de uno de los futuros posibles.

La poesía de Gladys González está llena de objetos y lugares. Es una fotografía de una belleza cruda, de una precisión que descoloca al lector. El trabajo de esta poeta se encuentra en los libros publicados en Latinoamérica y España: Calamina, Vidrio Molido, Hospicio, Aire Quemado, Gran Avenida. De estos, Jorge Posada ha extraído la muestra poética Swing que presentamos y que está disponible como PDF de manera gratuita.

 



Gladys González

Descargar PDF aquí


 De Vidrio Molido*
 

Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda


E. Lihn
 


Paraíso
El territorio del corazón
Swing
Barquitos de papel
Me dice
La chica más linda
Taxi
Penumbra
Pedacitos de muerte
Lamiendo las paredes
Tul
Manual de instrucciones
Naturaleza muerta
Maleza
Alumbrado público
Animales muertos
Despedida



Paraíso

aquí no hay glamour
ni bares franceses para escritores

sólo rotiserías con cabezas de cerdo
zapatos de segunda
cajas de clavos martillos alambres y sierras
guerras entre carnicerías vecinas y asados pobres

éste no es el paraíso ni el anteparaíso



El territorio del corazón

bajaba del colectivo
y miraba tu calle
desde Gran Avenida
hasta Santa Rosa
caminaba
alrededor de tu casa
marcando el territorio del corazón
como un perro

te esperaba
en las escaleras del metro
por si ibas a trabajar
en la mañana
o si regresabas
para almorzar
después
vino la noche
y Aretha Franklin
el ron con cocacola
y el whisky en los bares
las llamadas telefónicas
entre fiesta y fiesta
los viajes en taxi en la madrugada
para ir a buscarte borracho
a los paraderos
vinieron el descontrol
los baños públicos
las peleas
las esposas y las antiguas amantes
el viaje a Argentina
los perros muertos
los almuerzos en el mercado
y los poemas

todas las noches
te busco
sentada en las cunetas
donde vas a beber
te espero en el bar
hasta que se hace de día
y apareces
con un librito
en la gabardina
un librito
en el que está dibujado
mi corazón



Swing

dua, dua, dua
Ella Fitzgerald
los ojitos de sueño americano
sacudiéndose
en el Savoy

dua, dua, dua
Gladys González
los ojitos de heroína
sacudiéndose
en la Habana Club

oculta los colores del fracaso
en el mismo swing oscuro



Barquitos de papel

veo la pobreza de mi barrio
las calles inundadas
llenas de barquitos de papel
que los niños recortan

veo la pobreza de mi barrio
barquitos de papel
naufragando como lucecitas
en el barro.



Me dice

me dice que escribía en boletas
y papelitos de cigarros
mientras ella
se iba al baño
a mirarlo por la ventana

me dice que ella es su muerte
y que no quiere morir todavía
porque la muerte
es mujer fatal

me dice que ella es su crisantemo
y le recita haikus
en el cerro San Cristóbal
mientras los animales
se vuelven histéricos con la lluvia

él recoge las mejores cartas
y las guarda en su libro de budismo
recitando mal a Girondo
mientras ella
se aleja
con sus senos de magnolia
volando
sobre la ciudad



La chica más linda

la chica más linda de la fiesta
tiene una bolsa plástica en la cabeza
marcas de tinta en los dedos
sus huellas digitales
en toda la ciudad
 



Taxi

tú y yo
en un taxi
mudos

cada uno en un extremo
el pelo mojado
y el viento
entrando por la ventana
esparciendo las cenizas del cigarrillo

mudos
sin excusas
para dejar
de volver a hacerlo



Penumbra

ella lo miraba
desde el baño
orinando desnuda
en la taza del wáter
con su chaqueta de cuero
y un Jack Daniel’s en la mano

ella lo miraba
desde el baño
retocándose el corazón
con un lápiz labial
en la penumbra de esa habitación



Pedacitos de muerte

esta noche
no intercambiamos jeringas
ni besos
nos declaramos la intensidad en el rostro
nos guardamos la sangre salvaje
para no contagiarnos desde el amor



Lamiendo las paredes

camino en las noches
por mi departamento
lamiendo las paredes
para sentir el sabor de la violencia
que dejaste la última vez
masturbándome despacio
sin placer
con el corazón amarrado
a un costado
por el desprecio



Tul

quiero verte en tu cama de hospital
contagiarme de tu muerte
bañarte con una esponja
como a los bebés
escribirte en el borde de las piernas
“no me dejes”
dibujarte la cara
con los granitos de arroz de mi plato
curarte los moretones del ojo

te haría el amor
desde esta esquina
despacito
sin tocarnos
porque yo sé que no puedes estar conmigo
y no me importa
me aguanto las ganas
me como el deseo
te regalo mi chaqueta
mi vestido de tul
mi casita de la zona sur1
duermes en tu cama de hospital
y yo pongo más números
a mi lista de fracasos
me voy marcando la carne
con alambres y clavos
me voy convirtiendo
en la explanada de tu llaga


1 los amigos dicen que soy una tonta
que quieres experimentar
yo les digo que soy un tubo de ensayo
me miran y mueven la cabeza



Manual de instrucciones

escucho la música
y me pongo rebelde
pero ya no tengo edad
para ser rebelde
ninguno
de los que esta acá
tiene edad para serlo

soy el poema más cruel de la habitación

he vivido en casas vacías
con el techo partido por la mitad
sin dinero
para comer
para lavar la ropa
y conseguir un trabajo
de medio tiempo
en un centro comercial
o en un supermercado
sin amigos
a los que llamar por teléfono
y decir:
“estoy destrozada”

mi día
se reduce a sangrar
en un espejo
boca abajo
mientras pasan los meses
como un manual
de primeros auxilios
y se delatan los signos de tortura
en el rostro

tal como el moho
en mi ropa



Naturaleza muerta

hubo noches
en las que buscaba
con un cuchillo de cocina
el origen de las voces
aterrorizada
con el rostro amoratado
y revuelto

hubo noches
en las que hacía barricadas
para que no me asesinara
con una cortadora de pasto
abriéndome lentamente

hubo noches
en las que me golpearon tanto
que caí al suelo
con un diente destrozado
y la cabeza rota
como una granada hirviendo

hubo noches
sin dinero
sin cortes profundos

caminando por la carretera
con la boca sangrando
los ojos perdidos
el rostro blanco
resplandeciente

entre los reflectores
de los automóviles
 


Maleza

busco un lugar
dónde morir,
como un elefante ciego
perdido entre la maleza
que arrastra tras los años,
como los lentos suicidios
de una pieza de música
demolida en el papel



Alumbrado público

no te quiero muerta
no te quiero
tirada en la calle
con la ropa interior
en las rodillas
las medias rotas
alrededor de tu cuello
amarradas
a un alumbrado público

no te quiero muerta
no te quiero
con la boca llena de agua
los perros
rasgándote los ojos
en un canal
hasta que tu cuerpo desaparezca
por tiras
entre los bares
de esta ciudad

no te quiero muerta
no te quiero

golpeada

con la mandíbula rota

desfigurándote el rostro



Animales muertos

se acaban
los contratos
de arrendamiento
el eco
de las pequeñas
habitaciones vacías
donde vivía de prestado

las mudanzas
los errores
las heridas abiertas
curtidas
por las goteras
del techo

por el yeso
del cielo raso
que caía
a pedazos
sobre mi cara

terminaron
mordiendo el polvo
aplastadas
vencidas
como animales muertos
en medio de las luces
de la autopista



Despedida

me recuesto en la cama
mirando el techo

estas murallas
llenas de papeles adhesivos
escritos
tachados

abro
y cierro los ojos
encegueciéndome
con la luz de la ampolleta

salgo y entro al pasado
sin deseos de hacerlo
como un efecto
de esta despedida
que no tengo deseos
de perseguir

estiro un brazo
y observo mi mano
su aspecto
no es el que recordaba

una mano huesuda
venosa
los dedos engarfados
las uñas amarillas
tres nudillos rotos

el temblor intermitente
del alcohol
y la abstinencia

no tengo deseos
de jugar en la oscuridad
solo quiero estar aquí
observando
mi mano

las citas y fechas perdidas
que alguna vez
me comprometí a cumplir
y que dejé abandonadas

quiero dormir
hasta el día siguiente
sin despertar con resaca
con los ojos pegados
por la pintura negra
y los labios quemados

ya no quiero
estar en batalla
conmigo misma
tan sólo quiero
no levantarme de la cama
descansar
de estos últimos años.

 
De Aire Quemado


Vidrio Molido, Libros La Calabaza del Diablo, Santiago de Chile, 2011.


Gladys González (Santiago de Chile, 1981). Licenciada en Educación con mención en Castellano y Pedagogía en Castellano, doctora en Letras y Filosofía con mención en Filología Hispánica. Ha publicado Gran Avenida (Libros La Calabaza del Diablo, 2005), Aire Quemado (Libros La Calabaza del Diablo, 2009), Hospicio (Ediciones Inubicalistas, 2011), la compilación Vidrio Molido (Libros La Calabaza del Diablo, 2012) y Calamina (Libros La Calabaza del Diablo, 2014).