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No. 5/RESEÑA

 
50 años de On the road


Carlos Velázquez





Jack Kerouac,
On the road
,
Viking Adult, 2007


on_the_road.jpgEl pasado 5 de septiembre se cumplieron 50 años de la novela On the road, de Jack Kerouac. A lo largo de su obra podemos encontrar innumerables referencias al mes de octubre; declararía él: mi mes favorito. Ese hecho no escapa a una cualidad irónica: en septiembre Jack publica un libro monumental; sin embargo, pondera el mes en que muere en 1969. Aunque Gilbert Millstein describe en el New York Times a On the road el mismo día de su publicación como Obra de arte, es bajo la luna de octubre que el fenómeno Generación beat sufre la repercusión mediática y comienza el fin de Jack Kerouac.

Hoy, medio siglo después, podemos acceder a diferentes lecturas de la influencia que ha ejercido On the road en las artes. En la poesía, la pintura, el blues o la crónica. Por ejemplo, el impacto que causó en la música, ahí se encuentran Morphine (grupo de jazz rock ya desaparecido) y Keroauc, banda suiza posmopostbop, entre otros. También en las grabaciones que tenemos de la lectura de fragmentos de su novela por el propio autor, podemos medir de qué manera afectó al spokenword. Henry Rollins, Tom Waits y Mark Sandman podrías servirnos de parámetro. Y qué decir de Bob Dylan, que se inspiró en las relecturas obsesivas que hacía de On the road para construir su preponderante carrera.

La lista es interminable, a fin de cuentas todo se resume en la historia de dos amigos. Como la que cantan Los Cadetes de Linares, “estos eran dos amigos que venían de Mapimí”. Una trama sencilla pero de aspiraciones odiseicas. Sí, muy cercana al corrido, la novela narra las aventuras de Sal Paradise y Dean Moriarty. Sin ser una pieza cómica, alcanza las proporciones de una comedia de la picaresca contemporánea. La de dos hombres que se encuentran imposibilitados para existir bajo el mandato de la clase media norteamericana y se ven comprometidos a atravesar el país en coche, con una urgencia por llegar a un punto sólo para volver a comenzar el recorrido. Por lo que en sus páginas podemos encontrar cierto espíritu que hermana a Keroauc con el Henry Miller de Trópico de Cáncer. También, y de manera no menos velada, hay una conexión entre el autor y Homero. Jack plantea una hipotética Ítaca en algún punto de la ruta, pero a diferencia de Ulises, jamás la encuentra. Sin olvidar por supuesto los paralelismos con Joyce, Ulisses es a los años 20 lo que On the road a los 50 y 60
 del siglo pasado.

Las correspondencias de Kerouac con James Joyce son vastas. Ambos, en un tiempo de su vida, padecieron el apabullante flagelo de la religión. Ambos lucharon contra malestares físicos, el irlandés contra el glaucoma y el gringo contra la flebitis. También sentían debilidad por la bebida. A su modo, los dos sentían una gran preocupación por la figura materna, Jack en vida y Joyce por medio de Sthepen Dedalus. Creían profundamente en la epifanía como medio de acceder al conocimiento. Los dos escribieron libros con personajes que idealizan la juventud como etapa privilegiada de la vida y sus novelas son consideradas biblias literarias.

Además de lo anterior, Kerouac puede ser rastreado a través de sus aportes a la cultura newyorkina. Quizá sea, junto a Charley Parker, la figura más importante de una era germinal. Claro que el Village ya ocupaba el lugar de meca de la cultura en la gran manzana, pero es Jack quien lo explora de manera honesta y lo cristaliza de forma directa e indirecta en su narrativa. Los jóvenes blancos de la época por lo general rechazaban las pulsaciones bop de la música negra. Él rompió esas ataduras para dejarse seducir por el fraseo de Parker y convivir con Miles Davis, John Coltrane, Chet Baker, y no sólo convivir, ser uno de ellos en la manera de observar la realidad. A partir de On the road el circuito negro jazzístico se develó para un sector blanco intelectual.

Jack también profundiza sus raíces en todo lo que ostenta la marca road. Inaugura una nueva etiqueta para la vanguardia. Sin duda, el adjetivo roadmovie proviene de él. El calificativo historias de carretera, se inspira en Kerouac. Incluso existió una tendencia a escribir obras bajo ese precepto. Una de las más sobresalientes para mí es Caídos del cielo, del español Ray Loriga. Sin ignorar que Paris, Texas y en general todo Sam Shepard toma prestado de Jack. Él y todos los que abanderarían el modelo literario por el que apostó Kerouac. El de la escritura directa y confesional, en primera persona, herencia mileriana. Gracias a eso el público tuvo una mayor aceptación y un buen recibimiento para las enérgicas obras que vendrían después, como por ejemplo las novelas de Bukowski.

No podemos olvidar a sus compañeros de generación. William Burroughs, quien se convertiría en el gran sabio, el monstruo literario más grande del siglo XX, el príncipe del hielo, en un principio se mostró inseguro para decidirse a escribir. Fue Jack quien siempre estuvo ahí para alentarlo, hasta le obsequió el título de Naked Lunch para su novela. Por su parte, Allen Ginsberg, quien bautizó “Aullido” a su poema por sugerencia de Kerouac, siempre vio en él al poeta marino mercante y compartió con él su gusto por las discusiones literarias, y fue con él con quien Jack tuvo la oportunidad de analizar sus teorías antes de ponerlas en práctica. Los diez mandamientos de la prosa espontánea. Derivado de la improvisación jazzística, plantea que la reescritura es una especie de traición, pues el verdadero Yo surge con la mente en ayunas, con mucha droga, que fluye desde el inconsciente.

La primera edición de On the road fue publicada por Viking Press. De entre las más famosas reimpresiones destacan la de Penguin y la de Grove Press. Sería interesante preguntar ¿cuántas ediciones existen de la novela?, ¿cuántos tirajes?, ¿en cuántas casas no existirá un ejemplar de esta obra? Con el riesgo de equivocarme, me atrevo a decir que On the road es uno de los cinco libros más publicados en el mundo. Inspiración para miles de jóvenes de las generaciones nacidas a partir de los sesenta, no hay otra obra que identifique más a la juventud que las aventuras de Jack Kerouac a ritmo de violencia, drogas y sexo, las cualidades definitorias del rock, por Estados Unidos y México.

Antes de seguir me permito hacer otra comparación. Esta vez entre Jack Kerouac y John Coltrane. El saxofonista nació en 1926, cuatro años después que el novelista. Murió dos años antes, en 1967, a causa de un cáncer en el hígado, producto de su pasado en la heroína. En toda su carrera el saxo fue un motor incansable, que siempre iba hacia delante en la experimentación musical. De igual forma, Kerouac actuó como un John Coltrane toda su vida. Ambos fueron fervientes practicantes de la fe, creían en Dios. Parece que sospecharan que el fin de sus días sucedería antes de la década de los 70.

Retomando On the road, para celebrar el cincuenta aniversario, Viking Pres lanzó una edición conmemorativa que como material adicional sólo incluye la reseña de Gilbert Millstein. A pesar de los años, la novela aún tiene que luchar contra el morbo y el prejuicio. En la biografía más reciente de Jack, el autor Barry Miles hace un hincapié innecesario en la supuesta homosexualidad de Keroauc. ¿Acaso importan las especulaciones? Lo importante es la obra. Al parecer el destino de On the road es luchar cada día para demostrar que es una de las mejores novelas del siglo XX. Y siempre termina por ganar el combate.



 




Carlos Velázquez (Torreón, Coahuila, 1978). Es autor del libro de cuentos Cuco Sánchez blues. Ha sido becario del Fonca en la categoría Jóvenes Creadores y del Fecac en dos ocasiones. Obtuvo el primer lugar en el XXI Concurso Nacional de Cuento Magdalena Mondragón.