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CUENTO BREVE / No. 55


 

Paciencia



Alejandra Valverde

 
En el hogar de mis sueños vive una anciana. Cuando comienza a anochecer, ella —digamos que su nombre es Jacinta— enciende la luz y olvida cerrar las cortinas, tal vez confiada de que, por vivir en un tercer piso, no hay quien mire hacia dentro. Es en esos instantes cuando compruebo que se trata de una pequeña sala-cocineta y una recámara con balcón. Poco espacio, pero vive sola, a pesar de sus 70 u 80 años, de que no puede salir a la calle sin sus lentes de botella y de que habla (o grita) consigo misma. Poco espacio; sólo le bastan unos pasitos para ir del refri a la tele, del sofá al baño y del lavabo a la cama.

Quiero un piso exactamente igual. También estoy solo y sólo necesito lugar para mis cuadernos, mis libros y mi ropa. Es cuestión de esperar a que baje al mercado de los martes para que encuentre, en el preciso momento, una mano que le ayude a cruzar la calle o a empujar el carrito lleno de fruta, carne y queso. Es cuestión de tiempo para que me diga que su nombre es Beatriz, no Jacinta. Y es cuestión de ganar su confianza para que una tarde le cargue un costal de croquetas, suba los tres pisos y conozca la sala, ahora por dentro. Me presentará, entonces, a sus gatos: Yon, Pol y Yoco. “¿Los Beatles?”. “Y la manzana de la discordia”, dirá Beatriz con un toque de amargura.

Pasarán las semanas entre tazas de café y las fotos de su infancia en San Cristóbal de las Casas, de su adolescencia en Tuxtla y de sus manos entrelazadas a las de Manuel, su breve marido, cuando comenzó la “vida DeFectuosa”.

Paciencia, es cuestión de paciencia. Todos enfermamos en cualquier momento. Una tarde insistiré en que debe cuidar esa gripa y quedarse en cama; compraré su medicina y, ya de vuelta, prepararé un caldo para dos. Cuando Beatriz duerma —por fin—, mientras lavo los platos, con la radio a bajo volumen, me sentiré en casa. Ordenaré las estanterías, llenaré los platos de Yon, Pol y Yoco, recorreré los títulos de su librero y hasta recortaré las hojas muertas de las rosas, como si fueran mis flores, mis tijeras, mi balcón.

Paciencia. Ante las nulas visitas de Alfredo, su hijo, y Marco, su hermano, algún día mis libros vivirán en estas repisas, mi computadora en la mesita de la sala y mis buganvilias en este balcón. No necesito más. Sólo un espacio para escribir, comer y dormir. ¿Y por qué no obtenerlo con un trabajo? Este es mi trabajo. Tengo muchas hojas que llenar y tiempo que matar mientras espero, mientras miro la ventana. Algún día pagarán las letras. Si no, todo el tiempo ocurren accidentes. Una tarde alguien puede resbalar por la escalera, si se ausenta el brazo que la suele sostener. Una mañana alguien puede aparecer atropellado, si un conductor no ve el semáforo porque las tres luces se han roto.

Es cuestión de paciencia, mientras, tengo muchas hojas que escribir y mucho tiempo que llenar desde este lado de la ventana.
 

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Ilustración:
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Alejandra Valverde (Ciudad de México, 1987). Estudiante de la Licenciatura en Literatura y Creación Literaria en el Centro de Cultura Casa Lamm. Coeditora de la gaceta Lammadame. Coordinó el Primer Encuentro de Jóvenes Escritores Casa Lamm 2012. Obtuvo el tercer lugar en el Concurso de Literatura de Casa Lamm 2010, en la categoría Cuento, con “Escorpión”. Ha publicado ensayos, cuentos y poemas en El horizontal, periodismo ciudadano (http://www.elhorizontal.com), en la revista electrónica Aeda (http://revistaaeda.com) y en la antología Esto no es cuento. Su primer poemario, Viaje en vela, se encuentra en proceso de publicación.