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CUENTO BREVE / No. 56


 

Panegírico



J Paulo Péreztejada

 


Me comentaron que Carlos ha muerto. Cuando me dieron la noticia, sentía que debía lamentarlo. Sin embargo, aquella obligación no me producía más que un falso pesar. Tenía varios años que no veía a Carlos —ahora sé que ya no lo veré más— y no recuerdo haber tenido una plática profunda con él. No habíamos compartido nada que supusiera un lazo fraternal entre nosotros.

Pero recordé que Carlos me dejó quedarme a dormir en su casa en alguna ocasión, cuando perdí las llaves de la mía y no tenía forma de entrar. Aquella vez, vi una película de Kubrick con él. A veces tomábamos del mismo bote de cartón, mezcal barato mezclado con jugo aún más barato. Compartíamos la bacha y nos sentábamos cerca a platicar sobre aquellos asuntos tan trascendentales en la adolescencia, y tan ridículos una vez superada aquella confusión juvenil.

No sé si Carlos superó aquella confusión juvenil. Fue difícil tratarlo después. Los vicios que eran juegos de pubertos en un principio, se volvieron un problema serio para él. Lo dejé de ver. Me contaron después que lo habían metido a una granja, uno de esos lugares que supuestamente buscan erradicar  las adicciones de los internados. No supe si salió, si terminó el bachillerato, si empezó a trabajar. No supe nada de él hasta hoy, que me dijeron que murió. Lo mataron.

Temo caer en la sensiblería típica de estas situaciones. No voy a exagerar las virtudes de Carlos sólo porque ha muerto. No tenía muchas. Reconoceré que era una buena persona. No era la mejor persona del mundo, yo tampoco lo soy. Al menos tengo la certeza de que fue mejor persona conmigo de lo que yo fui con él. Por ello, no puedo evitar preguntarme si pude hacer un poco más por él ¿pero qué importa ahora preguntarse esas cosas? Carlos ha muerto y no encuentro ninguna moraleja para eso. Si una vida no tiene sentido ¿por qué la muerte lo habría de tener?

 

 

 


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Ilustraciones:
stranger, de jfg www.freeimages.com
 


J Paulo Péreztejada (Veracruz, Veracruz, 1988). Estudió lingüística en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, donde ahora es profesor adjunto.