CUENTO / febrero-marzo 2016 / No. 60
De niños que vienen con un peso o un peso y cincuenta centavos |
No falta quien piensa que como su vida ha sido un estatismo, el mundo también lo es y cree que los Cheetos valen dos pesos como hace ocho años. Por ello, veo llegar cada día, a distintas horas ―pero sobre todo entre el mediodía y las tres de la tarde, cuando el calor, al menos aquí, es el más intenso― a niños que no pasan de los nueve años, descalzos, guerreros del pavimento que se cocinan los pies, y que sólo necesitan la sombra de algún árbol para recuperar las fuerzas unos segundos y seguir su camino con paradas continuas y fugaces en esas sombras que llamarían benditas si conocieran el significado de esa palabra. ![]() La voz inquiere sobre el precio de todo lo que sus ojos alcanzan a ver sobre el mostrador. Entonces formulo la pregunta necesaria: “a ver, enséñame, ¿cuánto traes?”. Sí, lo suponía, un peso, o dos, o uno y cincuenta centavos. “Sólo te alcanza para éste, o éste, o este otro”, le digo. “No”, siempre escucho. “¿Y éste?”, dice ella. “No, sólo los que ya te dije. Mira, toma éste”, le respondo. “No me gusta”, me contesta. Acto seguido, y no importa que sea la primera vez que viene a la tienda porque está de vacaciones con su abuela o sea la niña que viene todas las tardes, pareciera que veo la misma rutina en ellas. Después de no querer nada del mostrador, se van hacia el pan Bimbo. Preguntan desde las rebanadas hasta los roles glaseados grandes. Se dirigen a las Sabritas, Barcel, Marinela, Gamesa. “Mejor un yogur”, casi escucho que piensan. “Tampoco te alcanza”, vuelvo a repetir no sé cuántas veces. Creo que si viniera una niña china haría lo mismo, preguntar casi las mismas veces por las mismas cosas, pero luego pienso que allá a las niñas no las quieren, y me acuerdo del video famoso donde atropellan a esa niña chinita y la gente no la levanta ni hace nada; entonces reflexiono y creo que no haría lo mismo una niña china, no suena lógico. Derrotada por no encontrar algo más allá de lo que puse a su alcance, vuelve, no triste sino desinteresada, y me da el dinero. Yo lo tomo y trato de darle lo que me parece que será lo más delicioso para ella. Lo toma sin cuidado, sin mirarme. Ya no le importa ver lo que ha conseguido y finalmente lo mete a su boca. Mastica rutinariamente mientras camina hacia la puerta. Yo espero que voltee pero no pasa. ![]() Cuando salen de la tienda a veces pienso ―me da tiempo porque la gente no viene: hace demasiado calor y está tomando una siesta o viendo la telenovela de las tres de la tarde― que esos niños y niñas crecen. Ellas van por los pasillos de papitas, galletas y dulces, pensando en su dulce azul o papita azul o galleta azul. Rechazan dulce tras dulce. Creen merecer algo más aunque ellas tengan para ofrecer el mismo peso que han guardado desde siempre y que nunca sacaron para jugar a la lotería por miedo a perderlo. Y van pasando los años y se cansan. Vuelven a recorrer los mismos pasillos hasta llegar a las primeras ofertas, o distintas, pero que tampoco les gustan. Ya no les importa. Las toman sin convencimiento. Entregan el peso que nunca apostaron. Sin tomar riesgos, el peso se estaciona en el bolsillo de alguien que también estaba enfadado de mirarlas dar vueltas esperando su retorno inevitable. ![]() Alguien me pregunta si tengo no sé qué cosa y dejo de pensar en los niños que crecen. Me acuerdo de la colonia en la que trabajo y de que esos niños vienen con un peso o un peso y cincuenta centavos porque sus papás son pobres y no tienen dinero, o se lo gastan en cerveza o en cristal o marihuana o en ninguna de las últimas tres: sólo son pobres y no les dan más dinero. Vuelvo a preguntarle al cliente qué fue lo que pidió y su respuesta me regresa a la rutina. |
Ilustraciones: |
Raquel A. Bojórquez G. (Hermosillo, Sonora, 1991). Estudió la licenciatura en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha participado en diferentes foros de literatura: académicos y de creación literaria. Algunos de sus textos han aparecidos en plaquettes y revistas de literatura como Círculo de poesía y Anders Behring Breivik. Fue seleccionada para el curso de creación literaria para jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas Xalapa-2013 y como becaria del Festival Interfaz del ISSSTE Noroeste 2014. Actualmente, es becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora en la categoría Jóvenes Creadores. |